Tabla de contenidos
- 1. Desigualdad en el trabajo de cuidados en Jalisco
- 2. Impacto del Sistema de Cuidados en la vida de las mujeres
- 3. Distribución del tiempo en tareas de cuidado
- 4. Actividades que comprenden el trabajo de cuidados
- 5. Reconocimiento de las desigualdades en la distribución de cuidados
- 6. La carga del trabajo doméstico no remunerado
- 7. Retos del Sistema de Cuidados en Jalisco
- 8. Reflexiones finales sobre el Sistema de Cuidados en Jalisco
- 8.1 La importancia de la corresponsabilidad en el cuidado
- 8.2 Desafíos y oportunidades para el futuro
- 9. Fuentes consultadas
Desigualdad en el trabajo de cuidados en Jalisco
- Jalisco cuenta con legislación y programas de cuidados, pero la carga sigue recayendo principalmente en mujeres.
- La desigual distribución limita tiempo, oportunidades laborales y autonomía económica.
- ENASIC: 66.8% del tiempo de las mujeres se destina a cuidar; predominan mujeres entre quienes cuidan.
- El reto: pasar del reconocimiento legal a servicios accesibles y con presupuesto suficiente.
Brecha de cuidados no remunerados
- ENASIC (2022): “66.8% del tiempo de las mujeres se destina a cuidar”.
- ENUT (INEGI, 2019): entre quienes trabajan 40+ horas semanales, las mujeres destinaban 25.7 horas/semana al trabajo doméstico no remunerado vs 11 horas los hombres.
- ENUT (INEGI, 2019): en cuidado no remunerado de integrantes del hogar (con 40+ horas de trabajo remunerado), mujeres 10.1 horas/semana vs hombres 5.8.
- ENASIC (2022): 22.5 millones de personas cuidadoras principales en México; en cuidado de 0–5 años, 96% son mujeres; en discapacidad/dependencia, 80.3% son mujeres.
- Nota de lectura: estas encuestas son las mediciones públicas más citadas para dimensionar la brecha; no describen por sí solas “cómo está 2026”, pero sí el tamaño del problema que el sistema busca corregir.
Tener un Sistema Integral de Cuidados no significa, por sí mismo, que el cuidado se haya redistribuido. En Jalisco, la evidencia discutida en el Cuarto Encuentro Nacional El Futuro de los Cuidados (realizado en Guadalajara) apunta a una brecha persistente entre el marco legal y la vida cotidiana: las mujeres siguen cargando con la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados, con efectos directos sobre su tiempo disponible, su inserción laboral y su autonomía económica.
La secretaria de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres de Jalisco, Fabiola Loya Hernández, reconoció públicamente que todavía existen desigualdades en la distribución de los cuidados y que hace falta ampliar la agenda pública para atenderlas. En ese diagnóstico, los datos de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) ayudan a dimensionar el problema: 66.8% del tiempo de las mujeres se destina a cuidar. En el estado, además, “ocho de cada 10” personas que requieren cuidados reciben atención, y entre quienes cuidan predominan las mujeres.
Estas cifras se presentaron en el marco del Cuarto Encuentro Nacional El Futuro de los Cuidados y se complementan con mediciones oficiales de INEGI (ENUT) y ENASIC citadas a lo largo del texto.
La desigualdad no se reduce a “ayudar en casa” o a un reparto imperfecto de tareas: es una organización social del tiempo que, cuando no se compensa con servicios, infraestructura y corresponsabilidad, termina por encerrar a muchas mujeres y personas con capacidad de gestar en una doble jornada—una remunerada (si la hay) y otra no remunerada, pero indispensable para sostener la vida diaria.
Impacto del Sistema de Cuidados en la vida de las mujeres
Cadena de Impacto del Cuidado
Cadena de impacto (cómo la desigualdad en cuidados se vuelve desigualdad económica y de bienestar):
1) Tiempo: más horas de cuidado no remunerado → menos horas disponibles para descanso, estudio y búsqueda de empleo.
2) Empleo: horarios fragmentados e interrupciones → más dificultad para sostener jornadas completas, movilidad o turnos.
3) Ingresos: trayectorias laborales discontinuas → menor ingreso acumulado y menor capacidad de ahorro.
4) Autonomía y salud: menos margen para decidir (gastos, proyectos, salidas) y más desgaste físico/mental por la “carga mental” de coordinar la vida cotidiana.
5) Efecto sistema: si hay servicios accesibles y corresponsabilidad, la cadena puede invertirse (tiempo liberado → mejor empleo → mayor ingreso → más autonomía y bienestar).
El impacto más visible de la desigualdad en los cuidados es el recorte de opciones. Cuando el cuidado se resuelve casi exclusivamente dentro del hogar, el costo se paga en tiempo, salud y oportunidades: menos disponibilidad para estudiar, trabajar, buscar un empleo con mejores condiciones o sostener una trayectoria laboral continua. En Jalisco, esta realidad fue parte central de la conversación pública en el encuentro nacional sobre cuidados: la existencia de legislación y programas no ha sido suficiente para que las mujeres dejen de ser las principales cuidadoras.
En términos prácticos, el cuidado constante—de niñas y niños, de personas adultas mayores o de personas con discapacidad o dependencia—se traduce en horarios fragmentados, interrupciones frecuentes y una carga mental permanente. No se trata solo de “estar presente”, sino de organizar la vida cotidiana: coordinar traslados, vigilar rutinas, resolver imprevistos y sostener el funcionamiento del hogar. Esa suma de tareas limita la autonomía económica, porque dificulta acceder a empleos de tiempo completo, asumir turnos extendidos o aceptar trabajos que implican movilidad.
El Sistema Integral de Cuidados, tal como está planteado en la ley estatal, busca precisamente mover el cuidado del terreno de la “ayuda familiar” al de una política pública con responsabilidades compartidas. Pero mientras la oferta de servicios no sea accesible y suficiente, el sistema corre el riesgo de quedarse en un reconocimiento formal que no cambia la distribución real del trabajo. En otras palabras: el impacto potencial existe, pero su materialización depende de que el cuidado se convierta en un derecho exigible y en servicios concretos, no solo en apoyos aislados.
Distribución del tiempo en tareas de cuidado
La desigualdad se vuelve medible cuando se observa el uso del tiempo. En México, la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2019 mostró que incluso cuando las personas tienen jornadas laborales extensas en el mercado—40 horas o más a la semana—las mujeres siguen realizando más trabajo doméstico no remunerado que los hombres. En promedio, ellas destinaban 25.7 horas semanales al trabajo doméstico no remunerado, frente a 11 horas de los hombres.
La brecha también aparece en el cuidado no remunerado de integrantes del hogar: entre quienes trabajan 40 horas o más, las mujeres dedicaban 10.1 horas semanales a cuidados, mientras los hombres dedicaban 5.8. El dato es clave porque desmonta una idea común: que el empleo remunerado “sustituye” el trabajo doméstico. En realidad, para muchas mujeres el empleo se suma a una segunda jornada que permanece invisibilizada y, en la práctica, no se negocia ni se redistribuye.
| Medición (fuente/año) | Población observada | Mujeres (horas/semana) | Hombres (horas/semana) | Qué muestra |
|---|---|---|---|---|
| Trabajo doméstico no remunerado (ENUT 2019, INEGI) | Personas con 40+ horas de trabajo remunerado | 25.7 | 11.0 | La “segunda jornada” persiste aun con empleo de tiempo completo. |
| Cuidado no remunerado a integrantes del hogar (ENUT 2019, INEGI) | Personas con 40+ horas de trabajo remunerado | 10.1 | 5.8 | La brecha también está en el cuidado directo, no solo en tareas domésticas. |
| Cuidados (ENASIC 2022) | Personas cuidadoras principales (promedio) | 38.9 | 30.6 | La carga semanal de cuidados es mayor en mujeres cuidadoras principales. |
En Jalisco, el debate público retomó cifras de la ENASIC para subrayar el peso del cuidado en la vida de las mujeres. Aunque el dato se presentó como parte de la discusión sobre cuidados, su lectura es directa: cuando el tiempo se concentra en tareas no remuneradas, se reduce el margen para el descanso, la formación, el empleo y la participación social.
La ENUT, además, tiene un objetivo explícito: hacer visible la importancia de la producción doméstica y contribuir a asignarle un valor social y económico. Esa intención es relevante para el diseño de políticas: si el tiempo de cuidado no se mide, no se planifica; y si no se planifica, se sigue resolviendo “en privado”, casi siempre a costa de las mujeres.
Actividades que comprenden el trabajo de cuidados
Dimensiones del trabajo de cuidado
Para dimensionar el cuidado (y no reducirlo a “estar al pendiente”), suele incluir:
- Cuidado directo: alimentar, bañar, acompañar, supervisar, movilizar, apoyar en actividades diarias a niñas/niños, personas mayores o con discapacidad/dependencia.
- Trabajo doméstico que sostiene el cuidado: cocinar, limpiar, lavar, ordenar, compras, preparación de alimentos y mantenimiento básico del hogar.
- Gestión y “carga mental”: organizar citas, administrar medicamentos, coordinar traslados, llevar calendarios escolares/médicos, resolver imprevistos y trámites.
- Acompañamiento y contención: escucha, vigilancia de rutinas, apoyo emocional y toma de decisiones cotidianas.
El trabajo de cuidados suele imaginarse como “cuidar a alguien” en sentido estricto, pero en la práctica es un conjunto amplio de actividades que sostienen la vida cotidiana. En Jalisco, durante el encuentro nacional se insistió en que el problema no se limita a las horas destinadas a atender a niñas y niños, personas adultas mayores o personas con discapacidad. También incluye cocinar, limpiar, alimentar, acompañar, organizar citas, administrar medicamentos y mantener en funcionamiento los hogares.
Estas tareas tienen dos rasgos que explican por qué se vuelven una carga estructural. Primero, son indispensables: si no se hacen, la vida diaria se descompone. Segundo, han permanecido históricamente invisibilizadas y, en gran medida, sin remuneración. Esa combinación—indispensables pero no reconocidas—facilita que se asignen por default a las mujeres, sin que exista una conversación real sobre reparto, tiempos o compensaciones.
En el plano institucional, reconocer qué entra en “cuidados” importa porque define qué servicios deben existir. Si el cuidado se entiende solo como “acompañar” a una persona dependiente, se dejan fuera dimensiones como la alimentación, la higiene del hogar o la gestión de tratamientos y citas médicas. En cambio, cuando se reconoce el cuidado como un sistema de tareas interconectadas, se vuelve más claro por qué la solución no puede recaer únicamente en las familias.
En esa misma línea, la discusión pública en Jalisco subrayó que cuidar también es trabajar. No es una metáfora: es trabajo que produce bienestar, salud y continuidad de la vida cotidiana, aunque no aparezca en nóminas ni se pague con salario.
Reconocimiento de las desigualdades en la distribución de cuidados
Cuidado como política pública
Voces del debate en Jalisco (y por qué importan):
- Fabiola Loya Hernández (secretaria de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres de Jalisco): al reconocer públicamente la desigualdad en la distribución de cuidados, coloca el tema como una responsabilidad de política pública (no solo “asunto familiar”).
- Mara Robles (rectora del CUCEA): al nombrar el cuidado y el trabajo doméstico como actividades productivas no remuneradas, refuerza la idea de que la solución requiere redistribución y no solo “reconocimiento”.
Implicación práctica: si el sistema busca cambiar la vida cotidiana, debe traducirse en servicios, coordinación y corresponsabilidad medible (no únicamente en programas aislados).
El reconocimiento institucional es un paso, pero no es el final. En Jalisco, la secretaria Fabiola Loya Hernández admitió que persisten desigualdades en la distribución de los cuidados y planteó la necesidad de ampliar la agenda pública. Ese tipo de reconocimiento es relevante porque coloca el tema en el terreno de la política pública: si hay desigualdad, hay una obligación de corregirla con medidas concretas.
En el encuentro también se habló de la necesidad de reconocer el trabajo doméstico y de cuidados como actividad productiva. Mara Robles, rectora del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), señaló que tareas como limpiar, alimentar y cuidar suelen concentrarse en las mismas personas—particularmente en las mujeres—sin recibir remuneración. La afirmación conecta con una demanda central de quienes impulsan políticas de cuidados: no basta con decir “las mujeres cuidan”; hay que redistribuir esa responsabilidad entre familias, Estado, comunidad y sector privado.
La Ley del Sistema Integral de Cuidados para el Estado de Jalisco establece que el Estado debe promover el reconocimiento, reducción y redistribución de los trabajos de cuidados, así como transformar la división sexual del trabajo. En términos de diseño, la ley apunta a un cambio cultural y material: que el cuidado deje de ser un destino asignado por género.
Sin embargo, el propio debate público reconoce una brecha entre el reconocimiento legal y la vida cotidiana. Esa brecha es el espacio donde se juegan los próximos años: pasar de un marco normativo a servicios, presupuestos, coordinación institucional y mecanismos que realmente cambien quién cuida, cuánto tiempo y con qué apoyos.
La carga del trabajo doméstico no remunerado
Costos y beneficios del cuidado
Lo que suele estar en juego cuando el cuidado recae casi por completo en el hogar (y en mujeres):
- Costos frecuentes: menos horas de descanso; trayectorias laborales interrumpidas; menor ingreso acumulado; desgaste físico y emocional; aislamiento y menor participación social.
- Beneficios cuando hay servicios de cuidado accesibles y de calidad: tiempo recuperado para empleo/estudio/descanso; mayor continuidad laboral; menos estrés por “carga mental”; mejor bienestar para quien cuida y para quien recibe cuidados.
- Trade-off real: ampliar servicios requiere presupuesto, personal y coordinación; si no se cuida la calidad y el acceso (horarios, cercanía, costos), el “servicio” no sustituye la sobrecarga y la desigualdad se mantiene.
La “segunda jornada” no es una consigna: está documentada. Los datos de INEGI, a través de la ENUT 2019, muestran que incluso entre personas con jornadas laborales de 40 horas o más, las mujeres realizan mucho más trabajo doméstico no remunerado que los hombres (25.7 horas semanales frente a 11). Y cuando se observa el cuidado no remunerado de integrantes del hogar, la diferencia se mantiene (10.1 horas para mujeres frente a 5.8 para hombres).
Esa carga tiene efectos acumulativos. No solo reduce el tiempo libre: también puede limitar la posibilidad de sostener un empleo estable o de buscar mejores condiciones laborales. Si una persona es responsable de cocinar, limpiar, administrar medicamentos, organizar citas y acompañar a alguien dependiente, su disponibilidad para el mercado laboral se vuelve más estrecha, y su margen para negociar horarios o ascensos se reduce.
A nivel nacional, la ENASIC 2022 identificó 22.5 millones de personas cuidadoras principales. Entre quienes cuidan a personas con discapacidad o dependencia, 80.3% son mujeres; en el cuidado de niñas y niños de 0 a 5 años, las mujeres representan 96% de las personas cuidadoras principales. Además, las mujeres cuidadoras principales dedican en promedio 38.9 horas semanales a los cuidados, frente a 30.6 horas de los hombres.
Estos datos ayudan a entender por qué la crisis de cuidados no puede resolverse únicamente dentro de las familias. Cuando el cuidado se sostiene con trabajo no remunerado y altamente feminizado, el sistema social funciona, pero lo hace trasladando costos a un grupo específico. En Jalisco, el desafío es que el sistema estatal no se limite a “apoyos” puntuales, sino que se traduzca en derechos y servicios que reduzcan la sobrecarga.
Retos del Sistema de Cuidados en Jalisco
Evaluar impacto del cuidado integral
Cómo evaluar si el Sistema Integral de Cuidados “se siente” en la vida cotidiana (checkpoints prácticos):
1) Cobertura: ¿cuántas personas que requieren cuidados pueden acceder a un servicio (y en qué municipios)?
2) Accesibilidad real: ¿horarios compatibles con trabajo/escuela?, ¿cercanía y transporte?, ¿costos asumibles?
3) Presupuesto y continuidad: ¿hay recursos estables para operar y ampliar servicios, o depende de apoyos temporales?
4) Calidad y seguridad: ¿personal capacitado?, ¿protocolos claros?, ¿seguimiento y mejora continua?
5) Corresponsabilidad: ¿hay acciones que involucren a hombres, empleadores y comunidad, o el cuidado sigue “regresando” al hogar?
Señal de alerta: si crecen los programas pero no baja la carga de horas no remuneradas en los hogares, la redistribución no está ocurriendo.
El reto central para 2026 es convertir el Sistema Integral de Cuidados en una experiencia tangible para quienes cuidan y para quienes requieren cuidados. En el encuentro nacional realizado en Guadalajara, especialistas y personas cuidadoras señalaron que hacen falta presupuesto y que los apoyos actuales no son suficientes. Esa observación es consistente con la brecha descrita: hay legislación y programas, pero la carga cotidiana no se ha redistribuido de manera efectiva.
Entre los desafíos más claros está la accesibilidad de los servicios. Si el sistema no llega a donde está la necesidad—en términos de disponibilidad, cercanía y capacidad—las familias seguirán resolviendo el cuidado en casa, y dentro de las familias seguirá recayendo principalmente en mujeres. También está el reto de pasar de apoyos a derechos: que el cuidado no dependa de la suerte, de la red familiar o de la posibilidad de pagar servicios privados, sino de una garantía pública.
Otro desafío es la corresponsabilidad. La ley estatal plantea la redistribución y la transformación de la división sexual del trabajo, pero ese objetivo requiere acciones sostenidas: servicios de cuidado, profesionalización y reconocimiento del trabajo cuidador, y coordinación entre instituciones. En la discusión pública se mencionó que el sistema se articula con instancias como el DIF Jalisco y otras dependencias, lo que subraya la necesidad de gobernanza efectiva para evitar que el cuidado se fragmente en programas desconectados.
Finalmente, está el desafío cultural: reconocer que cuidar es trabajo y que debe compartirse. Sin ese cambio, incluso con programas, la inercia social puede mantener la asignación automática del cuidado a las mujeres. Para 2026, el punto de quiebre será si el sistema logra reducir horas de cuidado no remunerado en los hogares y ampliar opciones reales—educativas, laborales y de autonomía económica—para quienes hoy sostienen la mayor parte de esa carga.
Reflexiones finales sobre el Sistema de Cuidados en Jalisco
La importancia de la corresponsabilidad en el cuidado
El cuidado sostiene la vida diaria, pero no puede sostenerse sobre desigualdad. Los datos disponibles muestran que el trabajo doméstico y de cuidados sigue concentrándose en mujeres, incluso cuando participan en el mercado laboral con jornadas extensas. La corresponsabilidad—entre familias, Estado, comunidad y sector privado—no es un ideal abstracto: es la condición mínima para que el cuidado deje de ser una barrera estructural para la autonomía económica y el ejercicio de derechos.
Desafíos y oportunidades para el futuro
Jalisco ya dio un paso relevante al contar con una ley y un sistema en materia de cuidados. La oportunidad hacia 2026 es cerrar la brecha entre el reconocimiento legal y la experiencia cotidiana: presupuesto suficiente, servicios accesibles y una redistribución real del tiempo de cuidado. Desde una perspectiva de derechos y de justicia social, el objetivo es claro: que cuidar y ser cuidado sea un derecho efectivo, y que ese derecho no se construya a costa de la sobrecarga invisible de las mujeres y personas gestantes.
Desde el enfoque editorial de Tengo Un Retraso (MSI Reproductive Choices Mexico), hablar de cuidados también es hablar de autonomía corporal y justicia reproductiva: sin tiempo, ingresos y redes de apoyo, el ejercicio de derechos —incluidos los de salud sexual y reproductiva— se vuelve más difícil y desigual.
Este texto se basa en cifras de encuestas nacionales de acceso público (ENUT 2019 y ENASIC 2022) y refleja la información disponible al momento de redactarse. La situación y los programas vinculados al Sistema Integral de Cuidados pueden modificarse por decisiones presupuestales y de gobierno. Para conocer el estado más reciente de los servicios en tu municipio, consulta la información pública local y los canales institucionales, ya que pueden surgir actualizaciones.
Fuentes consultadas
- Jalisco tiene un Sistema de Cuidados, pero las mujeres siguen cargando con la mayor parte del trabajo — cimacnoticias.com.mx/2026/08/25/jalisco-tiene-un-sistema-de-cuidados-pero-las-mujeres-siguen-cargando-con-la-mayor-parte-del-trabajo/
- mexicocomovamos.mx/
- facebook.com/imcomx/posts/tu-estado-ya-reconoce-el-derecho-al-cuidadohoy-solo-jalisco-y-la-cdmx-cuentan-co/1482697290560807/
- instagram.com/p/DcZ1UlyjA0_/


