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Redignificación del feminicidio de Saraí Martínez y su hija

Redignificación del feminicidio de Saraí Martínez y su hija

Tabla de contenidos


Este texto se basa en la información publicada por CIMAC Noticias y en el posicionamiento público de la familia de Saraí Martínez y de organizaciones que la acompañan.

Familiares exigen justicia por feminicidio de Saraí y Evolet

  • La familia de la enfermera Saraí Martínez y de su hija Evolet sostiene que su muerte no fue un suicidio, sino un feminicidio ligado a omisiones institucionales.
  • Saraí tenía diagnósticos de ansiedad, depresión, distimia y síndrome de burnout, emitidos por personal médico del propio IMSS.
  • Fue despedida el 17 de marzo de 2026; el 30 de abril se reiteró el despido; el 1 de mayo ambas fueron halladas sin vida.
  • Familiares y organizaciones exigen verdad, no revictimización, y protocolos verificables de atención y protección de salud mental en el IMSS.
Hecho clave ¿Qué se afirma en el posicionamiento familiar y la nota? Fecha / referencia temporal ¿Por qué importa para el reclamo?
Hallazgo de Saraí y Evolet Fueron halladas sin vida en su domicilio en San Martín Mexicapam, Oaxaca. 1 de mayo de 2026 Sitúa el caso y el punto de partida de la exigencia pública.
Diagnósticos de salud mental Se mencionan ansiedad, depresión, distimia y síndrome de burnout; diagnosticados por médicos del propio IMSS. Previos al hallazgo (sin fecha pública específica en el texto) Sostiene que existía información clínica dentro de la institución.
Rescisión laboral Se rescindió la relación laboral de Saraí con el IMSS. 17 de marzo de 2026 Para la familia, no puede separarse del contexto clínico y de riesgo.
Audiencia conciliatoria En audiencia conciliatoria se reiteró el despido definitivo. 30 de abril de 2026 Marca una decisión institucional inmediata antes del hallazgo.
Señalamiento público sobre “riesgo” y trato institucional “Cuando una institución conoce padecimientos graves de salud mental y advertencias clínicas de riesgo, no puede tratar a la persona como ‘empleada problemática’…” Conferencia de prensa (mencionada en el texto) Resume la tesis de omisión/violencia institucional y el llamado a responsabilidad.

Contexto del caso de Saraí Martínez y Evolet

El 1 de mayo de 2026, Saraí Martínez —enfermera del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS)— y su hija Evolet fueron halladas sin vida en su domicilio, en San Martín Mexicapam, Oaxaca. Desde ese momento, la familia ha insistido en un punto central: lo ocurrido no debe leerse como un hecho aislado ni como una explicación simplificada en clave de “suicidio”, sino como un feminicidio atravesado por una cadena de omisiones y violencias institucionales.

En conferencia de prensa, la familia —Sonia Domínguez (madre), Teófilo Martínez (padre), Fernando Manuel (hermano) y Leny (hermana)— fijó un posicionamiento público para rechazar la forma en que se narró el caso y para exigir que se investigue con perspectiva completa: médica, laboral y humana. El señalamiento es directo: cuando una institución conoce padecimientos graves de salud mental y advertencias clínicas de riesgo, no puede tratar a la persona como “empleada problemática” o como una carga administrativa.

El contexto laboral de Saraí también importa. Durante la pandemia por COVID-19, estuvo en la primera línea de atención. En ese marco, su familia y las organizaciones que la acompañan colocan el foco en el deber institucional de cuidado: no basta con reconocer que el personal de salud enfrenta desgaste; se requiere que ese reconocimiento se traduzca en medidas concretas de protección, seguimiento y atención.

La cronología que subrayan familiares y acompañantes es clave para entender por qué hablan de omisión: el 17 de marzo de 2026 se rescindió la relación laboral de Saraí con el IMSS; el 30 de abril, en audiencia conciliatoria, se reiteró el despido definitivo; al día siguiente ocurrió el hallazgo. Para la familia, esa secuencia no puede separarse del estado de salud mental documentado por la propia institución.

Omisiones previas y responsabilidades institucionales

  • Lugar: San Martín Mexicapam, Oaxaca (domicilio donde fueron halladas Saraí y Evolet).
  • Quiénes hablan públicamente: la familia (Sonia Domínguez, Teófilo Martínez, Fernando Manuel y Leny) y organizaciones acompañantes (mencionadas en el texto).
  • Qué discuten: no solo el desenlace, sino la cadena previa (diagnósticos dentro del IMSS + decisiones laborales + ausencia de una respuesta integral).
  • Por qué usan la palabra “omisión”: porque, según su planteamiento, existía conocimiento institucional de padecimientos y “advertencias clínicas de riesgo”, pero no se activaron medidas de cuidado y protección acordes.

Diagnósticos de salud mental de Saraí

La familia ha hecho énfasis en que Saraí no estaba atravesando un malestar indefinido o “emocional” en términos vagos. Tenía diagnósticos específicos: ansiedad, depresión, distimia y síndrome de burnout. Estos diagnósticos, además, fueron emitidos por médicos del propio IMSS, lo que refuerza el argumento de que la institución contaba con información clínica sobre su condición.

Nombrar los diagnósticos no es un detalle menor: permite dimensionar que se trataba de padecimientos que requieren atención, seguimiento y un abordaje integral. En el posicionamiento familiar, el punto no es convertir la salud mental en un estigma, sino lo contrario: evitar que se use para explicar el desenlace como si fuera un asunto individual desconectado de decisiones institucionales.

El síndrome de burnout, en particular, aparece en el relato como un marcador del desgaste asociado al trabajo, más aún en un periodo como la pandemia, cuando el personal sanitario enfrentó presiones extraordinarias. La familia vincula ese desgaste con la obligación del empleador —en este caso, una institución pública de salud— de no reducir el problema a un expediente administrativo.

En su mensaje público, Leny, hermana de Saraí, sintetizó la exigencia ética detrás del reclamo: si hay conocimiento institucional de padecimientos graves y advertencias clínicas de riesgo, no se puede empujar a una persona a “seguir hasta quebrarse”. Esa frase coloca el debate en un terreno de responsabilidad: qué hace una institución cuando ya sabe que una trabajadora está en una situación de vulnerabilidad.

La familia también ha insistido en que la rescisión laboral no puede analizarse como un acto aislado de “recursos humanos”. En su lectura, el componente médico y el componente laboral están entrelazados: si existe un diagnóstico, el trato institucional debería incorporar medidas de protección y acompañamiento, no decisiones que agraven la precariedad o el aislamiento.

Lectura Responsable de Diagnósticos
Cómo leer estos diagnósticos en el texto (sin estigmas y con foco en responsabilidad institucional):

  • Diagnóstico ≠ “culpa” ni “explicación total”: el hecho de que se nombren ansiedad, depresión, distimia y burnout no debería usarse para cerrar el caso como “algo personal”, sino para preguntar qué apoyos y seguimiento existían.
  • “Advertencias clínicas de riesgo” (como lo plantea la familia): en el artículo se usa como señal de alerta que, si estaba documentada, exigía respuestas coordinadas (clínicas y laborales), no solo trámites.
  • Burnout en personal de salud: aquí se presenta como indicador de desgaste laboral (más aún en pandemia) y como razón para que el empleador active medidas de cuidado, no como etiqueta para deshumanizar.
  • Punto clave del reclamo: si la institución conocía diagnósticos y riesgo, el estándar esperado por la familia es atención + seguimiento + protección laboral, no aislamiento o sanción.

Despido y omisiones del IMSS

El 17 de marzo de 2026, el IMSS rescindió la relación laboral de Saraí Martínez. Posteriormente, el 30 de abril de 2026, en una audiencia conciliatoria, se reiteró su despido definitivo. La familia sostiene que estas decisiones no pueden separarse del contexto clínico ya conocido por la institución: diagnósticos de salud mental y advertencias de riesgo.

El señalamiento de “omisiones” se construye, precisamente, sobre esa coexistencia: por un lado, una institución que —según la familia— tenía conocimiento de padecimientos graves; por otro, una ruta administrativa que culmina en el despido. Para familiares y organizaciones acompañantes, esa combinación configura una forma de violencia institucional: tratar la salud mental como un problema individual que se gestiona con sanciones o desvinculación, en lugar de activar mecanismos de cuidado.

En la conferencia, se subrayó que la rescisión de una trabajadora con padecimientos graves de salud mental no puede separarse del contexto médico, laboral y humano. La frase es una crítica a la fragmentación institucional: cuando cada área actúa como si su decisión no tuviera consecuencias en la vida de la persona, se pierde la posibilidad de prevención.

El caso también abre una discusión sobre el deber de protección hacia el personal de salud. Saraí trabajó para el IMSS y estuvo en primera línea durante la pandemia. En ese marco, la familia plantea que el IMSS no solo era empleador, sino también una institución con capacidad clínica para identificar riesgos y activar apoyos. La omisión, entonces, no se limita a “no hacer algo”, sino a no coordinar respuestas cuando existían señales documentadas.

El 1 de mayo, Saraí y Evolet fueron halladas sin vida. La familia insiste en que esa secuencia debe investigarse con seriedad y sin atajos narrativos: no como un episodio privado, sino como un hecho que involucra decisiones institucionales previas.

Reconstrucción de decisiones críticas
Cadena de decisiones y “puntos de quiebre” que la familia pide mirar (según lo narrado en el texto):
1) Diagnósticos dentro del IMSS → existía información clínica sobre ansiedad, depresión, distimia y burnout.

  • Checkpoint: ¿hubo un plan de atención y seguimiento sostenido, o solo registro clínico?

2) Ruta laboral/administrativa → rescisión (17 de marzo) y reiteración del despido (30 de abril).

  • Checkpoint: ¿se evaluó el impacto de la decisión laboral en una situación de vulnerabilidad ya conocida?

3) Coordinación entre áreas (clínica, psicológica/psiquiátrica, laboral y sindical) → la familia sostiene que no se activó de forma integral.

  • Checkpoint: ¿quién debía articular la respuesta y con qué mecanismos verificables?

4) Desenlace → hallazgo sin vida (1 de mayo).

  • Checkpoint: la familia pide evitar explicaciones “cerradas” y reconstruir el proceso completo para determinar responsabilidades.

Demandas de la familia y organizaciones civiles

¿Qué entienden por “redignificación” en este caso?

En el posicionamiento familiar, “redignificar” implica restituir la dignidad de Saraí y Evolet en el espacio público: rechazar narrativas de nota roja, exigir que se cuente el contexto completo (médico, laboral y humano) y que se investiguen las posibles responsabilidades institucionales señaladas por la familia.

Acompañadas por Consorcio Oaxaca y por familiares de víctimas de feminicidios, las y los familiares de Saraí y Evolet presentaron un posicionamiento público con demandas que apuntan a dos frentes: justicia para el caso concreto y cambios verificables para evitar que se repita una cadena similar de omisiones.

Una de las exigencias centrales es que se diga “la verdad de manera completa” para redignificar y resignificar la vida de madre e hija. En su planteamiento, la verdad completa implica no recortar el relato a un desenlace, sino incorporar el contexto: diagnósticos, advertencias clínicas, decisiones laborales y el trato institucional. La redignificación, así, no es un gesto simbólico aislado; es una forma de disputar el sentido público del caso y de exigir que se investigue sin minimizar responsabilidades.

La familia también ha pedido medidas reales de no repetición. En términos concretos, demandan protocolos verificables de detección, atención, seguimiento y protección de la vida y la salud mental del personal del IMSS. La palabra “verificables” es clave: no se trata de anuncios generales, sino de mecanismos que puedan revisarse, medirse y exigirse.

Además, las demandas incluyen que esos protocolos tengan intervención coordinada en varios niveles: médico, psicológico, psiquiátrico, laboral y sindical. La coordinación aparece como respuesta directa a lo que la familia denuncia: una institución que, aun con información clínica, no actuó de manera integral para proteger a una trabajadora en situación de riesgo.

El acompañamiento de organizaciones y de otras familias de víctimas también cumple una función: evitar el aislamiento del caso y situarlo en un marco de derechos humanos y perspectiva de género. En ese marco, la exigencia no es solo “castigo”, sino garantías de protección y prevención dentro de una institución pública que atiende a millones de personas y emplea a una gran cantidad de trabajadoras y trabajadores.

Finalmente, la familia ha sido explícita en rechazar cualquier lectura que convierta a Saraí en un expediente o en una nota pasajera. Su demanda es que se reconozca la complejidad de su vida, su trabajo y su contexto, y que Evolet no quede borrada en narrativas que solo mencionan su nombre como un apéndice del caso.

Exigencias clave del posicionamiento
Demandas que se desprenden del posicionamiento (tal como aparecen en el texto):

  • Verdad completa: que el caso se narre e investigue incorporando contexto médico, laboral y humano.
  • No revictimización: evitar “nota roja” y explicaciones cerradas que borren responsabilidades.
  • Investigación con perspectiva integral: sin separar artificialmente diagnósticos, decisiones laborales y trato institucional.
  • Medidas reales de no repetición: cambios que no se queden en anuncios.
  • Protocolos verificables en el IMSS: detección, atención, seguimiento y protección de la vida y salud mental del personal.
  • Intervención coordinada: médica, psicológica, psiquiátrica, laboral y sindical.

Revictimización y narrativas mediáticas

Uno de los ejes del posicionamiento familiar fue la denuncia de revictimización. La familia rechazó las narrativas que redujeron la vida de Saraí y Evolet a una “nota roja”, es decir, a un tratamiento centrado en el impacto inmediato, el morbo o la simplificación, sin contexto ni responsabilidad institucional.

La revictimización, en este caso, opera en varios niveles. Por un lado, cuando se instala una explicación cerrada —como la idea de “suicidio”— sin atender la cadena de hechos previos que la familia considera determinantes. Por otro, cuando la salud mental se usa como etiqueta para clausurar preguntas, en lugar de abrirlas: ¿qué apoyos existían?, ¿qué seguimiento se dio?, ¿qué decisiones se tomaron con la información clínica disponible?

La familia también ha señalado que estas narrativas no solo afectan la memoria de Saraí y Evolet; afectan la posibilidad de justicia. Si el caso se cuenta como un episodio individual, se diluye la discusión sobre omisiones institucionales y se vuelve más difícil exigir medidas de no repetición. En otras palabras: el modo en que se narra un feminicidio puede contribuir a la impunidad o a la rendición de cuentas.

En su conferencia, las y los familiares insistieron en que la verdad debe decirse. Esa exigencia es también una crítica a la fragmentación informativa: contar el final sin contar el proceso. Para la familia, el proceso incluye el trabajo de Saraí durante la pandemia, sus diagnósticos dentro del IMSS, el despido y la reiteración del mismo en audiencia conciliatoria.

El reclamo de redignificación se conecta aquí con el derecho a una memoria sin estigma. La familia no solo pide que se investigue; pide que se deje de tratar a Saraí como “caso” y a Evolet como daño colateral. La dignidad, en este marco, implica nombrarlas como personas con historia, vínculos y derechos, y no como un titular de consumo rápido.

Enfoque de cobertura Qué suele hacer Riesgo/daño (trade-off) Alternativa responsable alineada con “redignificación”
“Nota roja” Prioriza el impacto, detalles morbosos o titulares simplificados. Deshumaniza, borra contexto y puede reforzar estigmas. Centrar a las víctimas como personas, con historia y derechos; evitar morbo.
Explicación cerrada (“fue X y ya”) Presenta una sola causa sin reconstruir el proceso. Reduce preguntas sobre omisiones y responsabilidades. Contar el proceso completo (diagnósticos, decisiones laborales, seguimiento).
Salud mental como etiqueta Usa el diagnóstico para “explicar” el desenlace sin más. Estigmatiza y clausura la rendición de cuentas institucional. Tratar la salud mental como parte del contexto que exige apoyos y protección.
Contexto y rendición de cuentas Integra cronología, actores y decisiones previas. Puede ser más complejo y menos “rápido” de consumir. Aporta comprensión, evita revictimización y facilita exigir no repetición.

Exigencia de protocolos de atención en el IMSS

Entre las demandas más concretas está la implementación de protocolos verificables para proteger la vida y la salud mental del personal del IMSS. La familia y las organizaciones acompañantes han insistido en que la prevención no puede depender de decisiones aisladas o de la buena voluntad de un área: requiere procedimientos claros y coordinados.

El planteamiento incluye una intervención articulada entre áreas. Esta exigencia parte de una premisa: la salud mental en el trabajo no es un asunto exclusivamente clínico ni exclusivamente administrativo. Si una institución conoce diagnósticos y advertencias de riesgo, debe activar rutas de atención que contemplen tanto el cuidado como la protección de derechos laborales.

La palabra “seguimiento” también es central. No basta con detectar o diagnosticar; se requiere continuidad. En el caso de Saraí, la familia sostiene que existían diagnósticos emitidos por el propio IMSS, lo que vuelve inevitable la pregunta sobre qué mecanismos se activaron —si es que se activaron— para acompañar su situación.

La exigencia de protocolos verificables también apunta a la rendición de cuentas: que existan criterios para evaluar si una institución actuó o no actuó. Sin protocolos, la respuesta suele depender de interpretaciones internas; con protocolos, se vuelve posible identificar omisiones, corregir prácticas y establecer responsabilidades.

En el fondo, la demanda es preventiva y estructural: que el caso de Saraí y Evolet no se repita. Para ello, la familia pide medidas reales de no repetición, no solo declaraciones. En una institución como el IMSS, donde el personal enfrenta cargas altas y contextos de estrés, la salud mental debe ser tratada como parte de la seguridad y el bienestar laboral, no como un problema individual que se “resuelve” con sanciones o despidos.

Protocolo Verificable Paso a Paso
Cómo se ve un protocolo “verificable” cuando se aterriza a pasos (según lo que la familia exige en el texto):
1) Detección: identificar señales y diagnósticos (médicos del propio IMSS u otras rutas internas).
2) Atención: activar intervención médica, psicológica y psiquiátrica según necesidad.
3) Seguimiento: citas/controles y evaluación periódica (no solo un diagnóstico inicial).
4) Protección: medidas laborales que eviten agravar la vulnerabilidad (y que no se trate como “solo” un trámite administrativo).
5) Coordinación: articulación laboral y sindical junto con lo clínico.
6) Registro y revisión: que quede trazabilidad para saber qué se hizo, cuándo y quién lo autorizó (eso es lo que vuelve el protocolo “verificable”).

Preguntas frecuentes

Cronología del caso (fechas mencionadas por la familia)

  • 17 de marzo de 2026: rescisión de la relación laboral de Saraí con el IMSS.
  • 30 de abril de 2026: en audiencia conciliatoria se reitera el despido definitivo.
  • 1 de mayo de 2026: Saraí y Evolet son halladas sin vida en su domicilio.

  • ¿Qué piden la familia y las organizaciones que acompañan el caso?
    Que se reconozca el contexto completo, se investigue con verdad plena, se evite la revictimización y se implementen medidas reales de no repetición con protocolos verificables en el IMSS.

  • ¿Qué diagnósticos de salud mental se mencionan en el caso de Saraí?
    Ansiedad, depresión, distimia y síndrome de burnout, diagnosticados por médicos del propio IMSS.

  • ¿Por qué se habla de omisión institucional?
    Porque, según la familia, el IMSS conocía padecimientos graves y advertencias clínicas de riesgo, pero aun así rescindió la relación laboral y no activó una respuesta integral de protección.

Redignificación y justicia para las víctimas

La redignificación que exigen familiares y organizaciones no es un concepto abstracto: es una disputa por el sentido público del caso y por el lugar que ocupan Saraí y Evolet en la memoria colectiva. Redignificar implica rechazar el estigma, la simplificación y el tratamiento deshumanizante; implica también exigir que se reconozca la responsabilidad institucional cuando existió conocimiento previo de riesgos.

En su posicionamiento, la familia pidió que la vida de Saraí y Evolet no sea reducida a una narrativa de nota roja. Esa reducción, sostienen, borra el trabajo de Saraí como enfermera —incluida su participación en primera línea durante la pandemia— y borra el contexto de diagnósticos y decisiones laborales que antecedieron al hallazgo.

La justicia, en este marco, no se limita a una etiqueta legal o a una conclusión rápida. Para la familia, justicia significa investigación completa, sin revictimización, y con perspectiva que integre lo médico, lo laboral y lo humano. También significa reparación en el sentido de verdad pública: que se diga lo que pasó sin recortes convenientes.

La exigencia de no repetición conecta la memoria con el futuro. Redignificar no es solo mirar atrás; es usar el caso para empujar cambios institucionales que protejan a otras trabajadoras y trabajadores. En particular, la familia ha insistido en que cuando hay diagnósticos graves y advertencias clínicas, la institución no puede actuar como si se tratara únicamente de un problema administrativo.

“Cuando una institución conoce padecimientos graves de salud mental y advertencias clínicas de riesgo, no puede tratar a la persona como empleada problemática, carga administrativa o trabajadora simplemente apta para seguir hasta quebrarse”.
Leny, hermana de Saraí, en conferencia de prensa.

En esa frase se condensa el núcleo del reclamo: la dignidad no se pierde con un diagnóstico; lo que se pierde —cuando hay omisión— es la posibilidad de cuidado. La redignificación, entonces, es también una forma de exigir que la salud mental sea tratada como parte del derecho a la salud y del derecho a condiciones laborales que no empujen a las personas al límite.

Redignificación con verdad y cambios
Qué implica “redignificar” en este caso (según el sentido que le da la familia en el texto):

  • Memoria sin morbo: sacar a Saraí y Evolet del tratamiento de “nota roja”.
  • Verdad completa: contar e investigar el caso con su contexto médico, laboral y humano.
  • No estigma: que la salud mental no se use para cerrar preguntas ni para culpar a la víctima.
  • Responsabilidad institucional: mirar decisiones y omisiones cuando había información clínica y “advertencias de riesgo”.
  • No repetición verificable: convertir el caso en cambios concretos (protocolos con detección, atención, seguimiento y protección).

Reflexiones finales sobre la redignificación del feminicidio en el contexto del IMSS

La importancia de la justicia y la verdad en casos de feminicidio

El caso de Saraí Martínez y Evolet muestra cómo la verdad completa es una condición para la justicia. Cuando un hecho se narra sin contexto, se vuelve más fácil cerrar preguntas y más difícil identificar responsabilidades. La familia ha insistido en que no se trata de un episodio aislado: hay una secuencia de diagnósticos, decisiones laborales y omisiones que debe investigarse de forma integral.

La redignificación, en ese marco, no es solo memoria: es una exigencia de verdad, justicia y garantías de no repetición dentro de una institución pública.

Desde la perspectiva de Tengo Un Retraso (MSI Reproductive Choices Mexico), nombrar y contextualizar estas violencias institucionales es parte de una conversación más amplia sobre derechos, salud pública y condiciones de cuidado —para usuarias y para el personal de salud— sin estigma y con rendición de cuentas.

Este texto se basa en información de acceso público y en posicionamientos difundidos en el momento de su redacción. Los detalles pueden ampliarse o modificarse conforme avancen las investigaciones y se hagan públicos nuevos elementos. Si surgen datos verificables adicionales, será necesario actualizar la cronología y las responsabilidades mencionadas.


Fuentes consultadas

  • Redignificación, exigen familiares de Saraí y Evolet, víctimas de feminicidio por omisión del IMSS — cimacnoticias.com.mx/2026/06/04/redignificacion-exigen-familiares-de-sarai-y-evolet-victimas-de-feminicidio-por-omision-del-imss/
  • facebook.com/HomeroMenesesH/posts/bit%C3%A1coradiariahmviernes-29-de-mayo-de-2026-leenestoy-seguro-que-hay-cifras-que-c/1606625071308178/
  • tiktok.com/@jaimeguerrero1978/video/7647405424622259474
  • AOL, 2026 — aol.com/articles/mifepristone-still-available-mail-supreme-115859000.html
  • KFF, 2026 — kff.org/womens-health-policy/litigation-involving-reproductive-health-and-rights-in-the-federal-courts/
  • NAF, 2025 — nationalabortionfederation.org/national-abortion-federation-statement-on-fda-review-of-mifepristone/
  • NPR, 2026 — npr.org/2026/05/21/nx-s1-5827444/abortion-pills-mifepristone-misoprostol-planned-parenthood-advance-provision