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Mujeres desaparecidas en CDMX: una crisis alarmante en 2026

Mujeres desaparecidas en CDMX: una crisis alarmante en 2026

Tabla de contenidos


Crisis de mujeres desaparecidas en Ciudad de México

Crisis de desapariciones en CDMX

  • Qué está pasando: la CDMX llega al arranque de un megaevento deportivo internacional con un acumulado de 10,010 mujeres desaparecidas (RNPDNO).
  • Qué tan grande es: a nivel nacional, al 9 de junio de 2026, el RNPDNO registra 134,870 personas desaparecidas y no localizadas; 29,237 son mujeres.
  • Por qué importa ahora: en las horas previas al inicio del evento, Madres Buscadoras y otros colectivos han salido a calles y puntos turísticos para exigir investigación y localización, y para evitar que la emergencia quede tapada por la “normalidad” del espectáculo.
  • Qué lo vuelve más difícil: la crisis forense (fosas, restos y rezagos de identificación) condiciona la posibilidad real de encontrar, identificar y nombrar a las víctimas.
  • En México hay 134,870 personas desaparecidas y no localizadas; 29,237 son mujeres (RNPDNO, 9 de junio de 2026).
  • La Ciudad de México acumula 10,010 mujeres desaparecidas, en un contexto de protestas durante el arranque de un megaevento deportivo.
  • Madres Buscadoras exigen investigación y localización, no solo “búsqueda”, y denuncian retiro de fichas de desaparición en el espacio público.
  • La crisis forense —con miles de fosas y restos sin identificar— sigue condicionando la posibilidad real de encontrar y nombrar a las víctimas.

La alarmante cifra de mujeres desaparecidas en la Ciudad de México

La Ciudad de México llega a 2026 con un dato que pesa más que cualquier campaña de imagen: un acumulado de 10,010 mujeres desaparecidas, de acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO). En el mismo corte, la capital registra 12,889 hombres desaparecidos, una cifra que confirma que el fenómeno es masivo, pero que también obliga a mirar con lupa lo que ocurre con mujeres y personas con capacidad de gestar: la desaparición se cruza con violencia de género, riesgos diferenciados y respuestas institucionales que no siempre llegan a tiempo.

Indicador (CDMX) Cifra Periodo / corte Fuente mencionada en el texto
Mujeres desaparecidas (acumulado) 10,010 Corte: 9 de junio de 2026 RNPDNO
Hombres desaparecidos (acumulado) 12,889 Corte: 9 de junio de 2026 RNPDNO
Reportes de mujeres desaparecidas (flujo) 1,320 Enero–mayo de 2026 Cifras atribuidas a FGJCDMX (vía informe citado)
Perfil de edad en reportes 65% menores de 25 años Enero–mayo de 2026 Cifras atribuidas a FGJCDMX (vía informe citado)
Proporción sin resolver 40% Corte: junio de 2026 Cifras atribuidas a FGJCDMX (vía informe citado)

El dato capitalino se vuelve aún más visible por el contexto: en la antesala del arranque de un megaevento deportivo internacional, la CDMX se convirtió en territorio de protestas. Mientras la ciudad se prepara para recibir visitantes, colectivos de familias —en particular las Madres Buscadoras— han tomado calles y espacios emblemáticos para recordar que la vida cotidiana de miles de hogares está marcada por una ausencia sin explicación y por trámites que, en muchos casos, no se traducen en hallazgos.

En paralelo, el informe de investigación citado en este texto retoma cifras atribuidas a la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJCDMX) que apuntan a un flujo constante de reportes: 1,320 reportes de mujeres desaparecidas entre enero y mayo de 2026, con un perfil mayoritariamente joven (65% menores de 25 años) y con una proporción relevante sin resolución al corte de junio (40%). La acumulación histórica y el ritmo de nuevos reportes dibujan una crisis que no se agota en la estadística: se vive en el tiempo que pasa sin respuestas.

Contexto de desapariciones en México: estadísticas y realidades

La desaparición de personas en México no es un fenómeno aislado ni reciente; es una crisis de derechos humanos con dimensión nacional. Al 9 de junio de 2026, el RNPDNO contabiliza 134,870 personas desaparecidas y no localizadas, de las cuales 29,237 son mujeres. En ese mapa, la CDMX destaca por su acumulado, pero no es la única entidad sede de grandes eventos con cifras graves: Jalisco registra 5,855 mujeres desaparecidas y Nuevo León 10,621.

Lugar / indicador Mujeres desaparecidas Hombres desaparecidos Corte / periodo Fuente mencionada en el texto
México (total nacional) 29,237 9 de junio de 2026 RNPDNO
México (total personas) 134,870 9 de junio de 2026 RNPDNO
CDMX (acumulado) 10,010 12,889 9 de junio de 2026 RNPDNO
Jalisco (acumulado) 5,855 9 de junio de 2026 RNPDNO
Nuevo León (acumulado) 10,621 9 de junio de 2026 RNPDNO

Las cifras nacionales también muestran un patrón que preocupa por su impacto generacional. En 2024, la entonces Comisionada Nacional de Búsqueda, Karla Quintana, calculó que en México desaparecieron 18 mujeres diariamente entre 2008 y 2023. Y, con base en el RNPDNO, en 2025 desaparecieron 6,993 mujeres menores de edad, equivalente a 19 niñas y adolescentes cada día. La desaparición, en otras palabras, no solo es un delito: es un mecanismo de violencia que se ensaña con juventudes y que deja a familias enteras en un limbo.

El 2 de abril, el Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada (CED) elevó el nivel de alerta al informar que decidió solicitar al Secretario General de la ONU que remita urgentemente la situación de México a la Asamblea General, para considerar medidas de apoyo al Estado en prevención, investigación, sanción y erradicación. El CED vinculó la gravedad con hallazgos persistentes y, según lo reportado, estimó más de 4,500 fosas clandestinas, con más de 6,200 cadáveres y 4,600 restos humanos, además de unos 72,000 restos humanos no identificados. La estadística, aquí, no es abstracta: es la medida de una deuda de identificación, verdad y justicia.

Las Madres Buscadoras: un movimiento por la justicia

Visibilidad y presión sostenida
1) Visibilizan en puntos de alto tránsito: colocan megamantas y se instalan en lugares emblemáticos (por ejemplo, el Ángel de la Independencia) para hablar con ciudadanía y visitantes.
2) Difunden información de casos: pegan y reparten fichas de desaparición; cuando estas se retiran o borran, vuelven a colocarlas para sostener la presencia pública del caso.
3) Marcan horarios y permanencia: reportan presencia de 9:00 a 17:00 durante junio, lo que permite a otras familias y colectivas coordinarse y sumarse.
4) Hacen acciones de presión y acompañamiento: convocan veladas y marchas (por ejemplo, una marcha nocturna iluminada) para mantener el tema en agenda y acompañar a familias recién llegadas.
5) Buscan incidir donde está la atención mediática: se colocan cerca de accesos a sedes del evento para que la conversación pública incluya la exigencia de investigar, localizar e identificar.
Checkpoint práctico: cuando una ficha o manta desaparece del espacio público, para las familias no es “solo limpieza”; es una señal de que la visibilidad se disputa y de que la presión social se vuelve parte del esfuerzo de búsqueda.

En la CDMX, la protesta de las Madres Buscadoras se ha convertido en un recordatorio público de que la desaparición no se resuelve con discursos ni con promesas de coordinación: se resuelve con investigación efectiva, búsqueda inmediata y hallazgos verificables. En los días previos al megaevento deportivo, su presencia en calles y puntos emblemáticos busca interpelar tanto a autoridades como a sociedad civil y visitantes: la ciudad que recibe al mundo también carga con miles de ausencias.

El movimiento no es homogéneo, pero comparte una exigencia central: que el Estado cumpla su obligación de localizar. En la práctica, esto implica activar protocolos sin demora, sostener líneas de investigación, resguardar evidencia y evitar que el caso se diluya en trámites. También implica reconocer algo que las familias repiten con insistencia: no se trata de “personas perdidas”, sino de desapariciones que conllevan violencia y privación ilegal de la libertad.

En este contexto, las Madres Buscadoras han optado por estrategias de visibilización directa: mantas, fichas, concentraciones y recorridos. La protesta, además, se cruza con otras causas que también han tomado las calles: se reporta la suma de madres y padres de estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa e integrantes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), en un clima de movilización social que coloca la agenda de derechos humanos en el centro del espacio público.

El papel de Vanesa Gámez en las manifestaciones

Uno de los rostros más visibles en estas manifestaciones es Vanesa Gámez, madre de Ana Amelí, desaparecida el 12 de julio de 2025 en el Pico del Águila, dentro del Parque Nacional Cumbres del Ajusco, en la alcaldía Tlalpan. Su testimonio sintetiza un cambio de tono en la relación con el gobierno: ya no se trata de pedir nuevas mesas de diálogo, sino de exigir resultados mínimos y verificables.

«Lo que queremos es que hagan lo mínimo que tienen que hacer: investigar, encontrar a nuestros familiares y además quitar todo este crimen organizado y macrocriminalidad que está atacando nuestro país y que ocasionan la desaparición de nuestras hijas e hijos».
Vanesa Gámez, madre de Ana Amelí, en entrevista

Gámez también ha insistido en una precisión que parece semántica, pero es política: el gobierno —dice— “no entiende el concepto” cuando trata los casos como extravíos. Nombrar la desaparición como desaparición implica reconocer violencia, responsabilidades y obligaciones específicas del Estado. En esa misma línea, su frase apunta a una diferencia crucial entre procedimientos y resultados:

«Queremos que las y los localicen, no que los busquen, que los encuentren».
Vanesa Gámez

La visibilización, sin embargo, no está exenta de obstáculos. Gámez denuncia que las fichas que pegan en la ciudad son retiradas “inmediatamente”, con el objetivo de no dejar rastro de sus exigencias. Para las familias, ese borrado no es solo un acto contra el papel: es un mensaje sobre qué dolores se toleran en el espacio público y cuáles se intentan ocultar.

Actividades y marchas programadas

Las acciones anunciadas por las Madres Buscadoras en junio de 2026 se concentran en puntos de alta visibilidad. De acuerdo con lo reportado, estarán en el Ángel de la Independencia junto a una megamanta para generar conciencia, con presencia de 9:00 a 17:00 horas durante todo el mes de junio. La elección del lugar no es casual: es un nodo simbólico y turístico, pensado para hablarle también a quienes llegan de fuera.

Para el miércoles 10 de junio, convocaron a una velada y marcha nocturna iluminada en el Metro Ligero, estación Ciudad Jardín, para caminar desde ahí hacia algún acceso al Estadio de futbol Ciudad de México. En ese punto, se prevé la reunión de colectivas que han llegado desde distintas partes del país, lo que sugiere una articulación nacional en torno a la visibilidad durante el evento.

El 11 de junio, día de inicio de la justa, anunciaron presencia cerca del estadio inaugural desde las 8:00 horas, con la intención de estar en “todos los puntos de acceso” para mantener el tema en la conversación pública. En términos de estrategia, es una apuesta por disputar el relato: que la fiesta no tape la emergencia, y que la ciudad anfitriona no normalice la desaparición como ruido de fondo.

Críticas al Gobierno de México y su respuesta ante las desapariciones

Urgencia y burocracia institucional

  • “Persona perdida” vs “desaparición”: tratarlo como extravío puede empujar el caso a la espera; nombrarlo como desaparición obliga a investigación penal y búsqueda inmediata.
  • Burocracia vs tiempo crítico: cada trámite que se alarga compite con horas clave para localizar; la urgencia de las familias choca con ritmos institucionales.
  • Imagen de ciudad anfitriona vs derecho a la verdad: en contexto de megaevento, retirar fichas o limitar visibilidad puede proteger una apariencia de normalidad, pero aumenta la sensación de abandono y la desconfianza.
  • Coordinación “en papel” vs operación real: anunciar mecanismos sin engranaje (policía–fiscalía–comisiones) deja a las familias con promesas, no con hallazgos.

Las críticas que expresan las familias se concentran en una idea: inacción o respuesta insuficiente frente a hechos que requieren urgencia. En la narrativa de las Madres Buscadoras, el problema no es solo la falta de resultados, sino la forma en que se nombra y se gestiona el fenómeno. Cuando una desaparición se trata como “persona perdida”, se desplaza el foco: de la violencia y la investigación hacia la espera y la burocracia.

Vanesa Gámez lo plantea como un desacuerdo de fondo con el enfoque gubernamental: la desaparición implica privación ilegal de la libertad y, por tanto, demanda investigación penal y búsqueda inmediata. Esa exigencia se vuelve más apremiante cuando se reconoce el contexto señalado por las propias familias: la presencia de crimen organizado y macrocriminalidad como factores que “ocasionan la desaparición” de hijas e hijos. En ese marco, pedir “lo mínimo” —investigar y encontrar— es también pedir que el Estado recupere capacidad frente a redes que operan con violencia.

A nivel institucional, el informe de investigación citado apunta a problemas recurrentes: falta de coordinación interinstitucional, burocracia en la activación de protocolos, carencia de personal especializado y revictimización. Son críticas que no se agotan en un sexenio o una dependencia: describen fallas estructurales que se repiten en fiscalías, policías y comisiones de búsqueda cuando no hay engranaje operativo.

La protesta durante un megaevento deportivo agrega otra capa: la tensión entre la gestión de imagen y la gestión de derechos. Para las familias, que se retiren fichas o se limite la visibilidad equivale a priorizar la apariencia de normalidad sobre la obligación de garantizar verdad y justicia. Y en un país con más de 134 mil personas desaparecidas, esa prioridad —si ocurre— tiene costos humanos medibles.

La crisis forense y su impacto en la búsqueda de desaparecidas

Cuellos de Botella Forenses
Cuello de botella forense (por qué un caso puede estancarse incluso cuando hay búsqueda):
1) Hallazgo/ubicación de indicios o restos →
2) Resguardo y cadena de custodia →
3) Análisis pericial (incluye perfil genético cuando aplica) →
4) Cotejo con bases y muestras de familias →
5) Identificación y notificación →
6) Integración a la investigación penal.
Si cualquiera de estos pasos se retrasa (por saturación, falta de capacidad o fallas de coordinación), el resultado es el mismo para las familias: pasan meses o años sin nombre, sin certeza y sin avance judicial.

La búsqueda de mujeres desaparecidas no termina cuando se abre una carpeta o se activa una alerta: en muchos casos, choca con un muro material y técnico conocido como crisis forense. El CED, al describir la magnitud del problema, incluyó un dato que explica por qué tantas familias viven años sin respuestas: unos 72,000 restos humanos no identificados. Sin identificación, no hay cierre; sin cierre, la desaparición se prolonga en el tiempo como una forma de violencia sostenida.

El propio Estado mexicano reconoció esta crisis en mayo de 2019, cuando el entonces Subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas, lo hizo en una audiencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), después de denuncias de mujeres buscadoras sobre la existencia de numerosos restos sin identificar y la falta de una institución capaz de atender la emergencia. Ese reconocimiento es clave porque ubica el problema más allá de un caso individual: es una falla de capacidad instalada.

En términos prácticos, la crisis forense impacta en al menos tres niveles. Primero, en la posibilidad de identificar: si hay restos sin procesar o sin cotejo suficiente, la probabilidad de dar nombre a una víctima disminuye. Segundo, en la confianza: cuando las familias perciben que el sistema no puede identificar, también perciben que la búsqueda se vuelve un circuito sin salida. Tercero, en la investigación penal: sin identificación y sin trazabilidad de evidencia, se debilita la posibilidad de sanción.

Por eso, cuando el CED menciona fosas clandestinas y miles de restos, no está describiendo solo un hallazgo macabro: está describiendo un cuello de botella que condiciona toda política de búsqueda. En el caso de mujeres y personas con capacidad de gestar, ese cuello de botella se cruza con riesgos específicos —violencia sexual, explotación— que exigen peritajes con perspectiva de género y protocolos sensibles, algo que las familias reclaman cuando hablan de revictimización y omisiones.

Factores que contribuyen a la desaparición de mujeres en CDMX

Factores Clave en CDMX
Capas que suelen superponerse en CDMX (para evitar explicaciones de una sola causa):

  • Violencia de género: violencia familiar o de pareja, amenazas, control y coerción; puede preceder a la desaparición.
  • Trata y explotación: redes que aprovechan conectividad, movilidad y anonimato urbano.
  • Omisiones institucionales: demoras en activar protocolos, minimización del reporte, revictimización; cada hora perdida reduce posibilidades.
  • Factores de edad y ciclo de vida: alta proporción de adolescentes y jóvenes (en el texto: 65% menores de 25 años en reportes ene–may 2026).
  • Factores territoriales: concentración de reportes en ciertas alcaldías (en el texto: Iztapalapa, GAM, Cuauhtémoc, Tlalpan), útil para orientar prevención y búsqueda sin asumir que el riesgo “solo” está ahí.

Hablar de desaparición de mujeres en la CDMX exige mirar factores que se superponen. El informe de investigación citado señala dos grandes ejes: violencia de género y trata de personas, además de un tercero que atraviesa todo: omisiones institucionales en la respuesta inmediata. No se trata de elegir una sola causa, sino de entender cómo se combinan en una ciudad con alta movilidad, conectividad y desigualdades.

En 2026, el perfil de reportes en CDMX muestra una concentración en adolescentes y jóvenes. La FGJCDMX reportó que, entre enero y mayo, el 65% de los casos correspondieron a menores de 25 años. Esa juventud importa porque marca vulnerabilidades: trayectos cotidianos, dependencia económica, violencia en entornos cercanos y exposición a redes de explotación. También importa porque la desaparición de una adolescente o joven suele activar respuestas sociales inmediatas, pero no siempre respuestas institucionales eficaces.

A esto se suma la dimensión territorial: el informe menciona alcaldías como Iztapalapa, Gustavo A. Madero, Cuauhtémoc y Tlalpan como lugares de residencia frecuentes en reportes. No es un mapa definitivo, pero sí una pista sobre dónde se concentran riesgos y dónde deberían reforzarse prevención, atención y búsqueda.

Finalmente, el factor institucional no es accesorio. Cuando se retrasa la activación de protocolos o se minimiza el reporte, se pierde tiempo crítico. Y en desaparición, el tiempo es una variable de vida o muerte, además de investigación: cada hora sin acciones reduce posibilidades de localización y aumenta la incertidumbre.

Violencia de género como causa principal

La violencia de género aparece como el factor más consistentemente asociado a la desaparición de mujeres. El informe citado la vincula con contextos de violencia familiar, violencia de pareja y explotación sexual. En la práctica, esto significa que muchas desapariciones no ocurren en un vacío: ocurren en entornos donde ya existían señales de riesgo, control, amenazas o agresiones.

Cuando una desaparición se inserta en violencia familiar o de pareja, la respuesta institucional requiere perspectiva de género desde el primer contacto: tomar en serio el reporte, evitar preguntas que culpen a la víctima y activar medidas de protección para quienes denuncian. Las organizaciones civiles han señalado que la revictimización y la falta de esa perspectiva siguen siendo obstáculos. No es un detalle de trato: es un factor que define si un caso se investiga como delito o se archiva como “ausencia voluntaria”.

La juventud de muchas víctimas también se conecta con esta violencia. En 2025, el RNPDNO reportó 6,993 desapariciones de mujeres menores de edad a nivel nacional. En ese universo, la violencia de género puede operar como coerción, castigo o mecanismo de control. Y cuando el Estado no responde con rapidez, la violencia se amplifica: la familia queda


Desde la perspectiva de Tengo Un Retraso (MSI Reproductive Choices Mexico / Fundación MSI Mexico), nombrar y dimensionar la desaparición de mujeres y personas gestantes es parte de una agenda de derechos humanos y salud pública: sin búsqueda efectiva, identificación forense y respuestas institucionales con perspectiva de género, la autonomía corporal y la vida libre de violencias quedan en suspenso para miles de familias.

Este texto refleja información y cifras de acceso público citadas en el propio artículo, vigentes al momento de su publicación y con cortes de fecha explícitos. En materia de desaparición, los registros pueden actualizarse o reclasificarse conforme surgen nuevos datos y se realizan localizaciones. Si estás siguiendo un caso, conviene consultar el corte más reciente del RNPDNO y los comunicados oficiales locales.


Fuentes consultadas

  • CDMX la sede mundialista tiene 10 mil mujeres desaparecidas — cimacnoticias.com.mx/2026/06/09/cdmx-la-sede-mundialista-tiene-10-mil-mujeres-desaparecidas/
  • San Antonio FC, 2026 — sanantoniofc.com/news/2026/06/04/toyota-field-to-host-liga-mx-femenil-campeon-de-campeonas-on-july-26/