Si te pusiste en contacto con el número 618 257 8240 NO FORMA PARTE DE NOSOTRAS, es una estafa, nuestro número de contacto es el que se muestra en esta página (55 4453 4212).

El costo de la violencia y las víctimas en 2026

El costo de la violencia y las víctimas en 2026

Tabla de contenidos


El impacto de la violencia en las víctimas

  • Denunciar puede activar un “efecto multiplicador”: otras víctimas se animan y aparecen patrones repetidos.
  • La visibilidad también trae costos: estigmatización, exigencia de “pruebas” y represalias contra víctimas y acompañantes.
  • La violencia sexual no es un hecho aislado: se sostiene por impunidad, permisividad social y pactos de silencio.
  • En el deporte, el prestigio suele pesar más que la rendición de cuentas, aunque hay medidas que muestran que otro camino es posible.
Dimensión del costo ¿Cómo se manifiesta en el caso narrado? ¿Qué lo vuelve “estructural” (más allá de un caso)?
Psicológica Miedo y desgaste por la hostilidad tras la denuncia; presión por “probar” en público lo vivido. La exigencia de credibilidad recae en víctimas/acompañantes y desplaza el foco del agresor.
Social Estigma y aislamiento: bloqueo deliberado en un evento público; señalamiento a quienes acompañan. Redes informales (amistades, grupos, espacios comunitarios) pueden castigar a quien rompe el silencio.
Material / patrimonial Daño y amenaza simbólica: pintas en el automóvil con la palabra “feminazi”. La intimidación no necesita violencia física para ser eficaz; busca disciplinar y desalentar futuras denuncias.
Profesional / oportunidades “Denunciar cierra puertas”: pérdida de espacios, relaciones y oportunidades. Cuando el acceso a trabajo/colaboraciones depende de redes, el castigo social se traduce en costos reales.

Metodología de la investigación

Este reportaje se construye a partir de dos insumos complementarios: un testimonio periodístico publicado en 2026 sobre una denuncia pública de agresión sexual realizada en diciembre de 2024, y un recuento de contexto que reúne ejemplos y tendencias sobre violencia e impunidad en la región.

El testimonio base corresponde a la periodista feminista y defensora de derechos humanos de las mujeres Cirenia Celestino Ortega, publicado por CIMAC Noticias.

El eje narrativo proviene de una experiencia concreta: una denuncia difundida en Facebook a petición de víctimas, acompañada por una fotografía y una breve descripción. A partir de esa publicación se observan dos efectos: por un lado, la aparición de más víctimas que reconocen un patrón; por otro, reacciones de hostilidad y estigma hacia quienes denuncian y acompañan.

En este texto, esos efectos se describen tal como aparecen en el testimonio periodístico citado, para analizar el costo social de denunciar y las dinámicas de impunidad.

Para ampliar el marco, se incorporan referencias a casos en el deporte internacional citados en el mismo testimonio (Achraf Hakimi, Kaishu Sano, Cristiano Ronaldo, Neymar y Conor McGregor), así como ejemplos de respuestas institucionales (Programa Tribuna Segura en Argentina; negativa de ingreso en Canadá a Thomas Partey; y la Ley 3 de 3 contra la violencia en México). El objetivo no es equiparar expedientes ni sustituir procesos judiciales, sino describir un fenómeno social: cómo la reputación y las redes de protección pueden desplazar la discusión pública sobre la violencia contra mujeres y personas gestantes.

Proceso de análisis del testimonio

  • 1) Fuente principal: se toma como base el testimonio periodístico publicado en 2026 por CIMAC Noticias, firmado por Cirenia Celestino Ortega.
  • 2) Unidad de análisis: se identifican los “dos efectos” descritos en el testimonio (aparición de más víctimas tras la publicación; y hostilidad/estigma hacia víctimas y acompañantes).
  • 3) Criterio de inclusión: solo se incorporan hechos, frases y ejemplos que aparecen en el testimonio (p. ej., exigencia de “pruebas”, pinta en el automóvil, bloqueo social) y las referencias institucionales/casos deportivos que el mismo texto menciona.
  • 4) Criterio de exclusión: no se reconstruyen expedientes judiciales ni se infieren culpabilidades; cuando se mencionan figuras públicas, se hace en el marco de “acusaciones/procesos” tal como se enuncian en el testimonio.
  • 5) Conexión con contexto: se usan los ejemplos del deporte y medidas (Argentina/Canadá/México) para ilustrar el patrón social de protección/reincorporación, sin equiparar casos.
  • 6) Punto de verificación editorial: cada afirmación sobre “costo” se ancla a una consecuencia observable en el relato (estigma, aislamiento, pérdida de espacios) o a una medida institucional citada (Ley 3 de 3, Tribuna Segura, negativa de ingreso).

La denuncia de agresiones sexuales en 2024

En diciembre de 2024, una denuncia de agresión sexual se hizo pública en redes sociales a través de la página de Facebook de una periodista, no porque ella fuera la víctima directa, sino porque otras compañeras le pidieron usar ese espacio para visibilizar lo ocurrido. La publicación fue simple: una fotografía del agresor y una descripción breve del hecho. Aun así, bastó una sola entrada para que el caso se difundiera con rapidez.

Ese detalle —la velocidad— importa. La denuncia pública no solo nombra un hecho: puede abrir una conversación que antes estaba contenida por miedo, vergüenza o aislamiento. En este caso, tras difundirse el rostro del agresor, otras víctimas encontraron el valor para hablar. Lo que parecía un episodio aislado empezó a leerse como una forma de operar repetida, posiblemente sostenida por la complicidad y el silencio de otros hombres.

La denuncia, sin embargo, no ocurre en el vacío. En una sociedad donde persisten preguntas que recaen sobre las mujeres y personas gestantes —qué hicieron, por qué estaban ahí, por qué hablaron o callaron—, el acto de señalar a un agresor puede convertirse en un nuevo frente de violencia. La historia de 2024 muestra esa tensión: la denuncia abre puertas para la verdad, pero también activa mecanismos de defensa social que buscan desacreditarla.

Costo social de denunciar

  • Diciembre de 2024: se publica en Facebook una denuncia con fotografía y una descripción breve.
  • Horas/días posteriores: la publicación se difunde rápidamente; otras víctimas se animan a hablar y aparece un patrón.
  • Reacción social inmediata: llegan llamadas y mensajes que exigen “pruebas” y califican la denuncia como difamación.
  • Escalada de hostilidad: aparecen acciones de estigma e intimidación (p. ej., insultos, ataques simbólicos, bloqueo social en espacios públicos).
  • Resultado: la denuncia visibiliza la violencia, pero también expone el costo social de romper el silencio.

Impacto de la visibilidad en las denuncias

La visibilidad es una herramienta ambivalente. En el caso narrado, la publicación en Facebook tuvo un efecto esperanzador: permitió que otras víctimas se reconocieran, conectaran entre sí y entendieran que no estaban solas. Cuando varias voces describen un patrón, la violencia deja de parecer un accidente y se revela como conducta reiterada.

Pero esa misma visibilidad también expuso a víctimas y acompañantes a una reacción inmediata: llamadas y mensajes que exigían “pruebas” y calificaban la denuncia como difamación. El agresor, según el testimonio, nunca lo desmintió; aun así, el costo social se trasladó a quienes hablaron. La exigencia de pruebas en el espacio público, fuera de rutas institucionales de protección, puede convertirse en una forma de revictimización: desplaza el foco del agresor hacia la credibilidad de las víctimas.

La escalada descrita es concreta. Después de la denuncia, alguien escribió la palabra “feminazi” sobre el automóvil de la acompañante. Más tarde, en un evento público, amistades del agresor la bloquearon y se negaron deliberadamente a cualquier interacción. Son acciones que no requieren violencia física para ser eficaces: buscan aislar, intimidar y marcar a quien rompe el silencio.

La visibilidad, entonces, no solo amplifica denuncias; también revela qué tan dispuesto está un entorno a sostener a las víctimas o a proteger al agresor.

Visibilidad: apoyo y riesgos

  • A favor (lo que habilita):
  • Reduce el aislamiento: otras víctimas se reconocen y aparece un patrón.
  • Rompe la narrativa de “caso aislado” y abre conversación pública.
  • En contra (lo que puede detonar):
  • Revictimización: exigencia de “pruebas” en público y sospecha sobre la palabra de las víctimas.
  • Represalias y estigma: insultos, ataques simbólicos (pintas), bloqueo social.
  • Punto sensible: cuando el entorno no ofrece rutas de cuidado/protección, la visibilidad puede trasladar el riesgo a quien denuncia y acompaña.

Estructura de la violencia sexual como fenómeno social

La violencia sexual no ocurre únicamente “en lo oscurito” ni es un caso excepcional. El testimonio lo plantea con claridad: se repite porque la impunidad y la permisividad social crean condiciones para que los agresores actúen una y otra vez sin enfrentar consecuencias. Cuando varias víctimas aparecen tras una denuncia, lo que se ilumina no es solo un hecho, sino una estructura.

Esa estructura se sostiene en prácticas cotidianas: minimizar, dudar, pedir silencio “para no hacer problemas”, o convertir la denuncia en un conflicto interpersonal en lugar de reconocerla como una violación de derechos. También se sostiene en la idea de que las mujeres “provocan” a los hombres, un marco que desplaza la responsabilidad del agresor hacia la conducta de la víctima. El resultado es un guion social repetido: la pregunta siempre recae sobre ellas, y ellas son etiquetadas como “conflictivas” o “exageradas”.

La dimensión estructural también se observa en la memoria colectiva selectiva. El texto menciona a “otro agresor” que no fue denunciado públicamente para proteger el nombre de su esposa: habría sido sancionado solo por un tiempo y luego su grupo lo olvidó. Esa amnesia social no borra la violencia; solo facilita su repetición.

Desde una perspectiva de derechos humanos y salud pública, esta estructura tiene un costo adicional: desalienta la búsqueda de justicia y de atención, y normaliza que el daño se administre en privado mientras el agresor conserva espacios, prestigio y oportunidades.

Mecanismos de Repetición y Silencio
Mecanismos que sostienen la repetición (según lo que muestra el caso):

  • Impunidad práctica: ausencia de consecuencias visibles que frenen la conducta.
  • Pacto de silencio: amistades y entornos que “prefieren no meterse” y con eso protegen al agresor.
  • Culpabilización de la víctima: preguntas y sospechas que se centran en “qué hizo” la víctima, no en lo que hizo el agresor.
  • Minimización y “no hacer problemas”: convertir la denuncia en chisme/conflicto interpersonal.
  • Amnesia social: el tiempo pasa, baja la indignación y el agresor se reincorpora.
  • Castigo a quien habla: estigma, aislamiento y pérdida de espacios como advertencia para otras.

Consecuencias de denunciar para las víctimas

Denunciar no es solo un acto legal o comunicativo: es una decisión que puede reordenar la vida social de quien denuncia y de quien acompaña. El caso narrado muestra consecuencias inmediatas: estigmatización, hostigamiento y pérdida de espacios. Tras la publicación, llegaron reclamos por mensajes y llamadas; después apareció el ataque simbólico en el automóvil con la palabra “feminazi”; y más tarde, el bloqueo social en un evento público por parte del círculo del agresor.

Estas reacciones tienen un efecto disciplinador: envían el mensaje de que hablar tiene un precio. Y ese precio no se limita a lo emocional. La autora lo formula como una pérdida de relaciones y oportunidades: denunciar “cierra puertas”. En contextos donde los espacios laborales, culturales o comunitarios dependen de redes informales, el aislamiento puede traducirse en menos trabajo, menos colaboración y menos seguridad.

La pregunta que plantea el testimonio es incómoda pero necesaria: si fuera posible volver a esos lugares, ¿qué sentido tendría permanecer donde los agresores son respetados y las víctimas son cuestionadas? La denuncia, en ese sentido, no solo busca justicia; también expone qué comunidades están dispuestas a cambiar y cuáles prefieren sostener el statu quo.

El costo de denunciar se agrava cuando la sociedad exige a las víctimas una perfección imposible: narrar “bien”, reaccionar “bien”, probar “bien”, sin contradicciones ni miedo. Esa expectativa no se impone al agresor.

Señales de costo y presión
Señales de “costo” que aparecen en el caso (para identificarlo cuando ocurre):

  • Mensajes o llamadas que exigen “pruebas” y colocan la carga en la víctima/acompañante.
  • Etiquetas e insultos para desacreditar (p. ej., “feminazi”).
  • Ataques simbólicos o intimidación (pintas, amenazas veladas, daños a pertenencias).
  • Bloqueo social deliberado en espacios públicos (ignorar, aislar, negar interacción).
  • Pérdida de espacios, relaciones u oportunidades (“se cierran puertas”).
  • Presión para “no hacer problemas” o para guardar silencio por “la reputación” de alguien.

La protección de los agresores en la sociedad

Mientras las víctimas enfrentan estigma y aislamiento, los agresores suelen conservar —o recuperar— su lugar. El testimonio describe un patrón: el hombre denunciado incluso ha ocupado posiciones de liderazgo. La indignación inicial puede existir, pero con el tiempo disminuye; entonces el agresor vuelve a ser aceptado, respaldado por amistades que prefieren guardar silencio antes que reconocer su complicidad, y por personas que minimizan los hechos.

Esa protección no siempre es explícita. A veces opera como “neutralidad”: no meterse, no opinar, no “tomar partido”. En la práctica, esa neutralidad favorece al agresor porque mantiene intactas sus redes y su reputación, mientras la víctima carga con la sospecha. El pacto de silencio funciona como infraestructura social: permite que la violencia sea repetible.

Mecanismos de protección y retorno
Ejemplos concretos de cómo opera la “protección” (tal como aparece en el texto):

  • Reincorporación y prestigio: “El hombre que denunciamos incluso ha ocupado posiciones de liderazgo.”
  • Silencio como respaldo: amistades que “prefieren guardar silencio antes que reconocer su complicidad”.
  • Minimización: personas que “minimizan los hechos” y empujan al olvido.
  • Efecto del tiempo: “Cuando finalmente parece haber consecuencias, el tiempo pasa, la indignación disminuye y los agresores vuelven a ser aceptados.”
  • Contrapesos institucionales citados: Ley 3 de 3 contra la violencia (México) y medidas de acceso/ingreso en ámbitos públicos (Argentina/Canadá) como ejemplos de límites que no dependen del “ánimo” social del momento.

El caso de Achraf Hakimi y su implicación en el deporte

El deporte de alto rendimiento es un espejo amplificado de la sociedad: concentra prestigio, dinero, audiencias y una narrativa de admiración que puede volverse blindaje. El testimonio cita varios ejemplos para ilustrar cómo, “independientemente de las diferencias jurídicas de cada expediente”, la relevancia deportiva suele pesar más que la discusión pública sobre la violencia contra las mujeres.

Entre esos casos está el del futbolista marroquí Achraf Hakimi, quien continúa representando a su selección mientras enfrenta un proceso judicial por una acusación de violación en Francia. También se menciona al japonés Kaishu Sano, quien volvió a competir tras haber sido arrestado en una investigación por una presunta violación grupal. Se recuerdan además acusaciones que han rodeado a figuras globales como Cristiano Ronaldo (por hechos vinculados a Las Vegas) y Neymar (en distintos momentos de su carrera). En artes marciales mixtas, el irlandés Conor McGregor fue invitado a un programa de alta audiencia pese a denuncias por violencia sexual.

El contraste es clave: hay señales de que otro camino es posible. Argentina, mediante el Programa Tribuna Segura, impidió el acceso a estadios a personas inscritas en el Registro Público de Alimentantes Morosos, como resultado de coordinación entre su Ministerio de Seguridad y autoridades estadounidenses. Canadá, por su parte, negó el ingreso al futbolista ghanés Thomas Partey mientras enfrenta cargos por presuntos delitos sexuales en el Reino Unido. Son decisiones que no sustituyen a la justicia, pero sí rompen la idea de que el éxito deportivo debe estar por encima de la responsabilidad social.

Ejemplo citado en el texto ¿Qué ilustra sobre el “pacto de silencio” o el peso del prestigio? Tipo de respuesta mencionada en el texto
Achraf Hakimi (proceso judicial por acusación de violación en Francia) Continuidad de representación deportiva mientras hay un proceso en curso. Debate público vs. continuidad deportiva (sin medida específica descrita).
Kaishu Sano (arresto e investigación por presunta violación grupal; volvió a competir) Reincorporación rápida pese a señalamientos graves. Reincorporación deportiva.
Cristiano Ronaldo (acusación vinculada a Las Vegas) La fama puede desplazar la discusión pública sobre violencia. Persistencia del prestigio/figura pública.
Neymar (acusaciones en distintos momentos) Repetición de señalamientos alrededor de figuras con alto capital mediático. Persistencia del prestigio/figura pública.
Conor McGregor (invitado a programa de alta audiencia pese a denuncias) Normalización mediática: se premia la audiencia por encima de la exigencia de responsabilidad. Plataforma mediática de alto alcance.
Argentina — Programa Tribuna Segura (restricción a personas en Registro de Alimentantes Morosos) Señal de que el deporte puede imponer límites de acceso y enviar mensajes de responsabilidad social. Medida institucional de control de acceso a estadios.
Canadá — negativa de ingreso a Thomas Partey (mientras enfrenta cargos en Reino Unido) Ruptura del “blindaje” por prestigio: se establecen límites mientras hay cargos. Decisión administrativa de ingreso.
México — Ley 3 de 3 contra la violencia (para cargos públicos) Ejemplo de límite formal al acceso a poder cuando hay sentencias/resoluciones por violencia. Medida legal en el ámbito público (pregunta abierta sobre extensión al deporte).

Reflexiones finales sobre la violencia y su costo para las víctimas

La importancia de la denuncia y el apoyo a las víctimas

La denuncia puede ser el inicio de una reparación, pero también es un punto de quiebre que expone la estructura que sostiene la violencia. Cuando una publicación basta para que aparezcan más víctimas, lo que emerge es un patrón: no era “un caso”, era un modo de operar. Ese efecto multiplicador es valioso porque reduce el aislamiento y abre posibilidades de acción colectiva.

Pero el mismo caso muestra por qué el acompañamiento es indispensable. Las represalias —mensajes que exigen pruebas, insultos, ataques simbólicos, bloqueos sociales— no son daños colaterales: son parte del mecanismo que busca restaurar el silencio. Si la sociedad deja solas a las víctimas y a quienes acompañan, el mensaje final es que denunciar sale caro y que callar es más seguro.

Desde una perspectiva de justicia reproductiva y autonomía corporal, apoyar a las víctimas significa reconocer su palabra, reducir la revictimización y sostener rutas de cuidado y acceso a justicia. El costo de la violencia no puede seguir pagándose con el aislamiento de quienes se atreven a hablar.

El papel de la sociedad en la transformación de la cultura de la violencia

La transformación no depende solo de tribunales o sanciones formales; también depende de decisiones cotidianas: a quién se invita, a quién se aplaude, a quién se le cree, a quién se le abren espacios de liderazgo. El texto es contundente: los agresores suelen ser recibidos con los brazos abiertos, y cuando parece haber consecuencias, el tiempo pasa y la aceptación regresa.

Romper ese ciclo implica dejar de proteger a los agresores y establecer límites claros en espacios de poder, incluidos los deportivos. Las medidas citadas —Tribuna Segura en Argentina, la negativa de ingreso en Canadá, la Ley 3 de 3 en México— muestran que es posible enviar mensajes institucionales que no normalicen la violencia.

La pregunta de fondo es ética y práctica: ¿qué tipo de comunidad se construye cuando el prestigio pesa más que la seguridad y la dignidad de las mujeres y personas gestantes? Si el costo de denunciar sigue recayendo en las víctimas, la violencia seguirá encontrando condiciones para repetirse. Si el costo se traslada a quien agrede —en reputación, acceso y consecuencias—, el silencio deja de ser la norma.

Desde la perspectiva editorial de Tengo Un Retraso (MSI Reproductive Choices Mexico), hablar de violencia sexual y de los costos de denunciar también implica mirar las barreras de acceso a rutas de cuidado, atención y justicia como un tema de salud pública, derechos humanos y justicia reproductiva.


Fuentes consultadas

  • La violencia y su costo para las víctimas — cimacnoticias.com.mx/2026/06/29/la-violencia-y-su-costo-para-las-victimas/
  • elpais.com/mexico/2026-06-28/violencia-y-explotacion-sexual-los-graves-costos-del-mundial-que-asumen-las-mujeres-ninas-ninos-y-adolescentes-en-mexico.html
  • news.un.org/es/story/2026/06/1541618
  • diariolasamericas.com/america-latina/cuba-cierra-primer-semestre-del-2026-escalada-inseguridad-ciudadana-y-la-violencia-social-n5397978
  • facebook.com/elpaismexico/posts/-violencia-y-explotaci%C3%B3n-sexual-los-graves-costos-del-mundial-que-asumen-las-muj/1500821628752476/
  • instagram.com/p/DZ8OKi9FKPY/