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Ciberacoso a mujeres en México: datos y realidades 2026

Ciberacoso a mujeres en México: datos y realidades 2026

Tabla de contenidos


Una de cada cinco mujeres sufre ciberacoso en México

Prevalencia nacional del ciberacoso 2025

  • Fuente: Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2025 del INEGI.
  • Alcance: 94.9 millones de personas usuarias de internet de 12 años y más.
  • Prevalencia nacional: 20.4% (≈ 19.4 millones de personas) vivió al menos una situación de ciberacoso en los 12 meses previos al levantamiento.
  • Diferencia por sexo: 21.5% de mujeres vs 19.2% de hombres.
  • En 2025, 19.4 millones de personas de 12 años y más vivieron ciberacoso en México.
  • Entre usuarias de internet, 21.5% de las mujeres reportó ciberacoso (vs 19.2% de los hombres).
  • La modalidad más común fue el contacto mediante identidades falsas (37.2%).
  • WhatsApp aparece como el principal medio donde ocurre este tipo de violencia digital.
  • La mayoría bloquea; pocas personas denuncian formalmente (11.7%).

Metodología del Módulo sobre Ciberacoso 2025

Prevalencia y dinámicas del ciberacoso

  • ¿A quiénes mide? Población de 12 años y más usuaria de internet.
  • ¿Qué mide? Si la persona vivió al menos una situación de ciberacoso y, en su caso, modalidades, medios, identidad del agresor, efectos emocionales y respuestas.
  • ¿En qué periodo? Experiencias ocurridas en los 12 meses previos a la encuesta (difusión pública: ventana ubicada entre agosto de 2024 y octubre de 2025).
  • ¿Para qué sirve? Para estimar prevalencia comparable y visibilizar dinámicas que suelen no llegar a registros formales (por ejemplo, agresor desconocido o baja denuncia).

El Módulo sobre Ciberacoso (MOCIBA) 2025, elaborado por el INEGI, ofrece una fotografía nacional sobre violencia digital en población de 12 años y más usuaria de internet. Su principal fortaleza es que permite dimensionar el fenómeno con una métrica comparable: la prevalencia de ciberacoso en los 12 meses previos al levantamiento.

El universo que reporta el módulo es amplio: 94.9 millones de personas usuarias de internet de 12 años y más. A partir de ese total, el INEGI estima cuántas personas vivieron al menos una situación de ciberacoso y cómo se distribuye por sexo, modalidades, medios digitales, identidad del agresor, efectos emocionales y respuestas de las víctimas.

El periodo de referencia del informe abarca los 12 meses previos a la encuesta, y en la difusión pública se ubica el análisis entre agosto de 2024 y octubre de 2025. Esta ventana temporal es clave: no se trata de “incidentes históricos”, sino de experiencias recientes, lo que ayuda a entender el ciberacoso como un riesgo cotidiano asociado al uso de plataformas y servicios digitales.

MOCIBA también permite observar patrones que suelen quedar invisibles en registros administrativos: por ejemplo, la proporción de víctimas que no conoce a su agresor o el bajo nivel de denuncia. En conjunto, el módulo funciona como un termómetro social: no explica por sí solo las causas, pero sí muestra con claridad la magnitud y algunas dinámicas del problema.

Prevalencia del ciberacoso en México

Indicador (MOCIBA 2025) Total Mujeres Hombres
Personas usuarias de internet (12+ años) 94.9 millones
Prevalencia de ciberacoso (12 meses previos) 20.4% 21.5% 19.2%
Personas que vivieron ciberacoso (aprox.) 19.4 millones

En México, el ciberacoso dejó de ser un fenómeno marginal. El MOCIBA 2025 estima que 19.4 millones de personas de 12 años y más vivieron alguna situación de ciberacoso durante 2025. En términos proporcionales, esto equivale a 20.4% de las 94.9 millones de personas usuarias de internet en ese rango de edad.

La cifra es relevante por dos motivos. Primero, porque coloca la violencia digital como un problema masivo, no como una experiencia aislada. Segundo, porque al medirlo sobre población usuaria de internet, el dato se vincula directamente con la vida diaria: estudiar, trabajar, comunicarse con familia y amistades, buscar información o acceder a servicios.

El desglose por sexo muestra una brecha consistente: 21.5% de las mujeres usuarias de internet reportó ciberacoso, frente a 19.2% de los hombres. La diferencia puede parecer pequeña en puntos porcentuales, pero en un universo de decenas de millones, implica a muchas más mujeres afectadas.

Este patrón coincide con lo que organizaciones y colectivos han señalado: la violencia que ocurre fuera de línea se reproduce en línea, con dinámicas que se amplifican por el alcance de las plataformas, la facilidad para contactar a otras personas y la posibilidad de ocultar la identidad. En ese contexto, el dato de “una de cada cinco” no es solo un titular: es una señal de riesgo estructural en el espacio digital.

Impacto del ciberacoso en mujeres

Impactos de la violencia digital

  • Emocional (lo que se siente): enojo, desconfianza, estrés. En MOCIBA 2025, el enojo fue más frecuente en mujeres (59.9%) que en hombres (53.5%).
  • Conductual (lo que se cambia para “sobrevivir” en línea): limitar interacciones, ajustar privacidad, dejar de responder, salir de grupos o cuentas.
  • Social (lo que se pierde o se erosiona): confianza en comunidades digitales, participación pública y acceso a redes de apoyo, especialmente cuando la agresión ocurre en canales cotidianos como mensajería.

El ciberacoso no se queda en la pantalla. El MOCIBA 2025 muestra que las mujeres presentan una mayor incidencia que los hombres (21.5% vs 19.2% entre personas usuarias de internet), y además reportan con más frecuencia ciertos efectos emocionales. En particular, el enojo aparece como una reacción más común entre mujeres: 59.9% dijo haberlo sentido tras la agresión, frente a 53.5% de los hombres.

Más allá de la emoción inmediata, el impacto se traduce en cambios de conducta y en la forma de habitar el espacio digital. Cuando una persona recibe mensajes ofensivos, llamadas agresivas o es contactada por identidades falsas, el entorno digital —que debería facilitar comunicación y acceso a información— se vuelve un lugar de vigilancia y autoprotección.

En la práctica, esto puede afectar la participación pública de mujeres: desde limitar interacciones en redes hasta restringir el uso de aplicaciones de mensajería. El problema se agrava cuando la agresión ocurre en plataformas de uso cotidiano, como WhatsApp, señalada por el INEGI como uno de los principales medios donde ocurre el ciberacoso.

También hay un impacto social: el ciberacoso puede erosionar la confianza en comunidades digitales y en los canales de comunicación. Si el espacio virtual se percibe como inseguro, se reduce la posibilidad de informarse, organizarse o pedir ayuda. En un país donde la violencia de género es una realidad persistente, la dimensión digital se suma como otra capa que requiere prevención, atención y rutas claras de respuesta.

Modalidades más comunes de ciberacoso

Modalidad reportada (MOCIBA 2025) Porcentaje de víctimas
Contacto mediante identidades falsas 37.2%
Recepción de mensajes ofensivos 32.7%
Llamadas ofensivas 24.1%

El MOCIBA 2025 identifica con claridad cuáles son las formas más frecuentes de ciberacoso reportadas por las víctimas. La principal modalidad fue el contacto mediante identidades falsas, mencionada por 37.2% de quienes vivieron violencia digital. Este dato es clave porque apunta a una dinámica específica: la suplantación o el anonimato como puerta de entrada para agredir, intimidar o manipular.

En segundo lugar aparece la recepción de mensajes ofensivos, con 32.7%. Es una modalidad directa, repetitiva y de bajo costo para el agresor: basta con enviar texto, audios o contenido hostil para afectar a la víctima. En tercer lugar se ubican las llamadas ofensivas, con 24.1%, que trasladan la agresión a un canal más invasivo por su carácter inmediato y personal.

Estas modalidades no son equivalentes, pero comparten un rasgo: pueden ocurrir sin contacto físico y con alta frecuencia, lo que incrementa la sensación de intrusión. Además, se combinan con el hecho de que WhatsApp es uno de los principales medios donde ocurre el ciberacoso, según el propio módulo. Esto sugiere que la violencia digital no se limita a “redes sociales abiertas”, sino que también se instala en espacios de mensajería que muchas personas usan para trabajo, escuela y vida familiar.

La prevalencia del contacto con identidades falsas también ayuda a entender por qué tantas víctimas no logran identificar a su agresor. Si el primer acercamiento ocurre desde cuentas o números no verificables, la agresión se vuelve más difícil de rastrear y más fácil de repetir.

Identidad del agresor en casos de ciberacoso

Decisiones según vínculo del agresor

  • Si el agresor es desconocido (61.1%): suele ser más viable cortar el contacto (bloquear/reportar) y reforzar privacidad; el reto es documentar y rastrear, porque la suplantación/anonimato facilita la repetición.
  • Si el agresor es conocido (24.2%): puede haber más contexto para identificarlo, pero también más costos personales (escuela, trabajo, familia) y mayor riesgo de que la violencia digital se conecte con agresiones fuera de línea.
  • Si es mixto (14.7%): la respuesta suele requerir ambas rutas a la vez: herramientas de plataforma + apoyo en el entorno cercano.

Uno de los hallazgos más contundentes del MOCIBA 2025 es la dificultad para identificar a quien agrede. El 61.1% de las personas que sufrieron ciberacoso dijo no conocer la identidad de su agresor. En contraste, 24.2% señaló a una persona conocida como responsable, y 14.7% reportó haber sido víctima tanto de personas conocidas como desconocidas.

Este reparto importa porque cambia la forma de pensar la prevención y la respuesta. Cuando el agresor es desconocido, la víctima suele depender más de herramientas de la plataforma (bloqueo, reportes, ajustes de privacidad) y de capacidades técnicas para documentar lo ocurrido. Cuando el agresor es conocido, entran otras variables: relaciones personales, laborales o escolares, y el riesgo de que la violencia digital se conecte con violencia fuera de línea.

El módulo también aporta un dato sobre el sexo de la persona agresora cuando las víctimas pudieron identificarlo. En esos casos, los hombres fueron señalados como los principales responsables: 57.2% de las mujeres víctimas indicó haber sido agredida únicamente por hombres; entre los hombres víctimas, 61.1% también señaló agresión únicamente por hombres. Es decir, aun cuando el ciberacoso afecta a ambos sexos, la autoría identificada se concentra en agresores hombres.

Este patrón es consistente con la idea de que la violencia digital no es “neutral”: reproduce jerarquías y prácticas de hostigamiento que ya existen en otros ámbitos. Por eso, hablar de identidad del agresor no es un detalle estadístico: es una pista sobre dónde enfocar acciones de prevención, educación digital y responsabilidad de plataformas.

Efectos emocionales del ciberacoso

Efecto emocional reportado (MOCIBA 2025) Total víctimas Mujeres Hombres
Enojo 57.0% 59.9% 53.5%
Desconfianza 35.8%
Estrés 29.4%

El MOCIBA 2025 muestra que el ciberacoso tiene consecuencias emocionales frecuentes y medibles. Entre las víctimas, 57% manifestó haber sentido enojo tras sufrir agresiones. Le siguieron la desconfianza (35.8%) y el estrés (29.4%). Estas reacciones no son menores: describen un impacto que puede alterar la forma en que una persona se comunica, se informa y participa en espacios digitales.

En el caso de las mujeres, el enojo aparece con mayor frecuencia: 59.9% reportó ese sentimiento, frente a 53.5% de los hombres. La diferencia sugiere que, además de la incidencia más alta en mujeres, también hay una vivencia emocional particular que puede estar asociada a la persistencia de discursos misóginos en espacios virtuales, señalada por especialistas como uno de los factores relacionados con el aumento de la violencia digital.

La desconfianza es especialmente relevante en entornos donde el agresor suele ser desconocido. Cuando no se sabe quién está detrás, la interacción cotidiana se contamina: cualquier mensaje, solicitud o contacto puede percibirse como potencial amenaza. El estrés, por su parte, se asocia a la sensación de no poder “salir” del problema: el teléfono acompaña a la persona todo el día, y la agresión puede aparecer en cualquier momento.

Estos efectos ayudan a entender por qué el ciberacoso no debe tratarse como “conflicto en redes”. Es una forma de violencia que impacta bienestar, confianza y seguridad, y que puede limitar el ejercicio de derechos en el espacio digital, como expresarse, informarse o pedir apoyo.

Respuestas de las víctimas al ciberacoso

Pasos para frenar el acoso
1) Cortar el contacto (lo más común): bloquear cuentas/números/páginas (66.5%).

  • Checkpoint: si el acoso continúa desde nuevas cuentas, conviene ajustar privacidad y limitar quién puede contactarte.

2) No engancharse (frecuente): ignorar (18.9%).

  • Checkpoint: si hay amenazas, difusión de datos o insistencia, “ignorar” suele dejar de ser suficiente.

3) Escalar (lo menos común): denunciar ante MP/fiscalía/proveedor (11.7%).

  • Checkpoint: antes de escalar, suele ayudar guardar evidencia básica (capturas, fechas, usuario/número) para que el reporte tenga seguimiento.

Ante el ciberacoso, la mayoría de las víctimas recurre a medidas inmediatas dentro de las propias plataformas. El MOCIBA 2025 reporta que 66.5% bloqueó personas, números telefónicos, cuentas o páginas. Es la respuesta más común: rápida, accesible y, en muchos casos, la única opción percibida como efectiva en el momento.

Otra proporción relevante, 18.9%, decidió ignorar las agresiones. Este dato puede leerse como una estrategia de autoprotección emocional o como una señal de normalización: cuando la violencia digital se vuelve frecuente, algunas personas optan por minimizarla para poder seguir usando internet sin entrar en confrontación.

En contraste, solo 11.7% presentó una denuncia ante el Ministerio Público, una fiscalía estatal o el proveedor del servicio. La brecha entre bloquear e iniciar un proceso formal es enorme. El dato no explica por sí mismo las razones, pero sí evidencia un reto de política pública y de acceso a justicia: si la mayoría no denuncia, el fenómeno queda subregistrado en instancias formales y se reduce la posibilidad de sanción o reparación.

La respuesta centrada en el bloqueo también se relaciona con otro hallazgo: muchas víctimas no conocen la identidad del agresor. Si no hay un responsable identificable, denunciar puede parecer inútil o demasiado complejo. Además, cuando el ciberacoso ocurre en canales cotidianos como WhatsApp, la prioridad suele ser “cortar el contacto” para recuperar control.

En términos de prevención, estos datos apuntan a dos necesidades simultáneas: fortalecer herramientas de seguridad y reporte en plataformas, y mejorar rutas institucionales claras para que denunciar no sea una carrera de obstáculos.

Distribución geográfica del ciberacoso

Entidades con mayor prevalencia (MOCIBA 2025) % Entidades con menor prevalencia (MOCIBA 2025) %
Durango 24.5% Sonora 14.7%
Jalisco 24.4% Sinaloa 15.5%
Ciudad de México 23.8% Coahuila 15.6%
Oaxaca 23.8%

El MOCIBA 2025 también permite ver que el ciberacoso no se distribuye de manera uniforme en el país. Por entidad federativa, Durango registró la mayor prevalencia, con 24.5% de la población usuaria de internet afectada. Le siguieron Jalisco (24.4%) y, con 23.8%, Ciudad de México y Oaxaca.

En el otro extremo, las menores prevalencias se observaron en Sonora (14.7%), Sinaloa (15.5%) y Coahuila (15.6%). La distancia entre el valor más alto (Durango, 24.5%) y el más bajo (Sonora, 14.7%) muestra una variación importante entre entidades.

Estos contrastes abren preguntas sobre contexto digital, prácticas de uso y capacidades locales de prevención y atención. El propio análisis periodístico ha señalado que el aumento de la violencia digital se relaciona con factores como el anonimato en internet, la escasa regulación de plataformas, la proliferación de contenidos generados con inteligencia artificial y la persistencia de discursos misóginos en espacios virtuales. Aunque esos factores son nacionales, su expresión puede variar por región.

La Ciudad de México merece una lectura adicional: además de aparecer entre las entidades con mayor prevalencia (23.8%), hay evidencia local de que la violencia digital se ha consolidado como una de las formas más frecuentes de violencia contra las mujeres. Esto sugiere que, en zonas con alta conectividad y uso intensivo de mensajería y redes, el riesgo se vuelve más visible y, posiblemente, más reportado.

La geografía del ciberacoso importa porque las respuestas institucionales suelen ser estatales: fiscalías, mecanismos de atención y campañas locales. Si el fenómeno es desigual, también deberían serlo —en intensidad y enfoque— las estrategias de prevención y atención.

Ciberacoso y violencia de género

Ciberacoso y violencia de género
El ciberacoso suele operar como parte de un continuo de violencia de género: no reemplaza otras violencias, pero puede amplificarlas (por alcance, velocidad y anonimato). Por eso, cuando se habla de “violencia digital”, el foco no es solo la plataforma: también importan las relaciones de poder, la posibilidad de escalar a lo presencial y las rutas de apoyo disponibles en cada comunidad.

Los datos del INEGI confirman una tendencia que organizaciones feministas y de derechos humanos han advertido: el ciberacoso se consolida como una de las violencias que más afectan a las mujeres. En 2025, 21.5% de las mujeres usuarias de internet reportó haber vivido alguna situación de ciberacoso, por encima de los hombres (19.2%). Y cuando se identifica el sexo del agresor, los hombres aparecen como principales responsables.

En la Ciudad de México, el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia —citado en reportes periodísticos— ubica la violencia digital como la segunda forma de violencia más frecuente contra las mujeres en sus canales de atención. Entre 2019 y 2025, el organismo recibió 146 mil 682 reportes de violencia de género: 85% correspondió a violencia familiar, seguida de violencia digital (7%), abuso sexual (5%), violación (2%) y acoso sexual (1%). Además, siete de cada diez mujeres que solicitaron apoyo por agresiones digitales reportaron haber sufrido ciberacoso, principalmente mujeres jóvenes de 21 a 35 años.

Este cruce entre cifras nacionales y registros locales ayuda a entender el ciberacoso como parte de un continuo de violencia de género. No es un “tema de redes” separado del resto: convive con violencia familiar, sexual y otras formas de agresión. La diferencia es el medio: el espacio virtual permite hostigar con rapidez, multiplicar el alcance y, con frecuencia, ocultar la identidad.

Especialistas han advertido que el incremento de la violencia digital se asocia a condiciones que favorecen la impunidad: anonimato, regulación insuficiente de plataformas, contenidos generados con inteligencia artificial y discursos misóginos. En ese marco, la prevención no puede limitarse a recomendaciones individuales; requiere corresponsabilidad de plataformas y Estado, y una perspectiva de género que reconozca a mujeres y niñas como población con riesgos específicos.

Iniciativas gubernamentales contra el ciberacoso

Acuerdos Eficaces con Plataformas
Si un acuerdo con plataformas busca tener impacto real, suele ser más útil cuando incluye (como mínimo):

  • Un canal de reporte fácil de encontrar y usar (en español y con opciones claras para violencia digital).
  • Tiempos de respuesta y criterios de prioridad (por ejemplo, amenazas, difusión de datos personales, suplantación).
  • Confirmación y seguimiento del caso (folio, estado, resultado) para que no quede en “enviado”.
  • Vías de atención para víctimas (orientación, preservación de evidencia, derivación a instancias locales cuando aplique).
  • Transparencia básica: métricas agregadas de reportes atendidos y acciones tomadas.

En 2026, el gobierno federal anunció una iniciativa de colaboración con plataformas para prevenir y atender la violencia digital. En el marco del 8 de marzo, la presidenta Claudia Sheinbaum dio a conocer un acuerdo de colaboración que incluyó a Google, Meta y TikTok. El anuncio se da en un contexto de incremento de violencia digital contra mujeres en México.

La relevancia de este tipo de acuerdos es que pueden abrir canales de coordinación para prevención, atención y respuesta dentro de las propias plataformas, donde ocurre buena parte del ciberacoso. Sin embargo, su impacto depende de que se traduzcan en mecanismos claros de reporte, seguimiento y atención, y de que se articulen con rutas institucionales que hoy muestran una brecha importante: según el MOCIBA 2025, solo 11.7% de las víctimas presentó una denuncia formal.

Desde la perspectiva de Tengo Un Retraso (MSI Reproductive Choices Mexico), la violencia digital también es un tema de derechos y de salud pública: cuando el espacio virtual se vuelve hostil, se limita el acceso a información y a redes de apoyo, y se profundizan desigualdades que ya existen fuera de línea.


Fuentes consultadas

  • Una de cada cinco mujeres sufrió ciberacoso en México durante 2025 — cimacnoticias.com.mx/2026/07/07/una-de-cada-cinco-mujeres-sufrio-ciberacoso-en-mexico-durante-2025/
  • en.www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/mociba/MOCIBA2025_RR.pdf
  • gentetlx.com.mx/2026/07/07/tlaxcala-entre-las-entidades-con-mayor-incidencia-de-ciberacoso-en-mexico-inegi-revela-cifras-del-mociba-2025/
  • cuc.udg.mx/sites/default/files/2026-07/Masculinidades%20Latinoamericanas%2C%20n%C3%BAm.%205%2C%20julio-diciembre%202026.pdf
  • facebook.com/lajornadaonline/posts/el-instituto-nacional-de-estad%C3%ADstica-y-geograf%C3%ADa-inegi-revel%C3%B3-que-194-millones-d/1502285351931422/
  • inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2026/mociba/MOCIBA2025_CP.pdf
  • instagram.com/p/DaQV7myDVLJ/
  • jornada.com.mx/noticia/2026/07/07/economia/194-millones-de-personas-sufren-ciberacoso-en-mexico-mujeres-las-principales-victimas
  • MUCD, 2026 — mucd.org.mx/2026/06/frente-al-feminicidio-y-la-violencia-de-genero-mas-castigo-no-garantiza-mas-justicia-para-las-mujeres-analisis-conjunto-de-organiz/
  • Pie de Página, 2026 — piedepagina.mx/organizaciones-civiles-alertan-sobre-riesgos-en-la-nueva-ley-federal-de-feminicidio/